Mi colegio era de curas, y las guarras de clase eran terreno vedado para los simples mortales, propiedad exclusiva de los malotes. Las jerarquías estaban muy bien definidas, y si querías sexo o roce y no pertenecías al grupo malote, la única solución era buscarte novia fuera del colegio (teniendo en cuenta que las que no eran guarras, la enorme mayoría, eran unas monjas de cuidado).
Me llevaba muy bien con el grupo de los malotes, porque ya de pequeño era diplomático, sibilino y mentiroso, y ante todo ansiaba el control y la información. Mi vida sexual discurría fuera de los cauces de aquel colegio murciano, más concretamente discurría por Cartagena, pero me empapé con deleite de cada uno de los detalles y anecdotas delirantes que aquellos personajes me contaban con devoción (un malote que apreciara su integridad física no solía contarle sus aventuras con la guarra de turno a otro malote, pues podía perder los dientes si el destino se proponía ser un poco caprichoso).
Con las muchachas malotas me llevaba aún mejor, porque como soy un ser asqueroso, aunque en el fondo pensaba que eran unas putas de mierda, solía sentir un extraño sentimiento parecido a la compasión que me llevaba a intentar comprenderlas, animarlas, incluso defenderlas ante los ojos indignados de la tropa ultracatólica que llenaba mis clases. Era todo un dilema, pues las putas, por naturaleza, me han dado siempre un poco de ascazo, pero más ascazo me han dado aún las mojigatas hipócritas.
Recuerdo con cariño a Magda Al - Fawal, hija de un iraní. Le llamábamos la ALFAWARRA. Tenía las tetas de punta, como Madonna con el sujetador aquel diseñado por Gaultier, y por lo visto sus mamadas eran escandalosas.
Preñada se quedaron unas cuantas, pobrecillas, pero no por guarras, sino por descuidadas. Andrea, Ana, Paloma, Fuensanta... a bote pronto son los embarazos que recuerdo, pero estoy seguro de que me dejo algún feto en el tintero.
Sonado fue el caso de los videos entre Rosalía y su novio Kike. Se deleitaban grabándose mientras follaban, pero mientras ella lo llevaba con cierta discrección, el novio programaba pases de sesión continua en su casa. Cosas que pasan.
Zoraida fue con diferencia la putilla más vilipendiada, vapuleada y marginada por el resto del mundo exterior. Caía mal, a todos, profesores y alumnos, e incluso los empollones más patéticos se permitían el ningunearla. Comía rabo de malote, como todas las putillas, pero no gozaba de la protección de sus chulos, por la maldición personal de la que he hablado.
Curiosamente, ha sido la única de esas muchachas por las que he sentido un aprecio sincero, aunque yo fui quien inventó lo de "ZORRAIDA" (siempre se me dieron bien los juegos de palabras). Ahora la veo todos los días por mi facultad y nunca me falta un saludo o una sonrisa para ella. Iba por el mal camino, se dio cuenta, y rectificó a tiempo. Quiso meterse en un mundo a la que no pertenecía, y sólo consiguió que se rieran de ella y que la despreciaran. Ahora, lejos de ser una puta arrastrada de barrio, es una puta fina de ADE + DERECHO, huele a perfumes caros, gasta ropa interior de Oysho y se pega unas fiestas descomunales mientras bebe cubatas gratis que agradece con un acento inventado.
Hija de perra.