El pueblo de Tor, en los Pirineos de Lleida, tiene una bonita historia.
El 1896 las trece familias que todavía vivían en el pueblo pactaron crear un sociedad comunal según la cual la propiedad de toda la finca (cerca de 3.000 hectáreas que ahora pertenecen al municipio de Alins) sería indivisa o comunal entre todos ellos y sus herederos, con tal que viviesen o tuvieran casa abierta en el pueblo. El pueblo se fue abandonando y sólo quedaba habitado durante el verano. Josep Montané mantenía casa abierta durante todo el año, y por ésta razón creyó que tenía derecho a convertirse en el único propietario, alegando que los otros habían perdido sus derechos al haber abandonado el pueblo. inició un procedimiento judicial y consiguió una sentencia judicial que le otorgaba la propiedad plena, pero el 1995 fue asesinado. Pero el cerebro de la operación era Jordi Orilla, conocido como el Palanca, todo un personaje. Según el Palanca él era el auténtico propietario, puesto que había heredado la finca de Rossend Montané, hermano de Josep Montané. Se fueron sucediendo los pleitos y sentencias, y todavía hubieron más muertes y fortísimos enfrentamientos entre familias.
Ahora hay una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya que establece de manera definitiva (??) que los legítimos propietarios de la finca de Tor son los 13 herederos de las familias que constituyeron la sociedad el 1896.
En el Pallars el asunto de Tor es tabú. Los nativos no osan hablar. La gente teme al Palanca y a los propietarios de Tor. Todo el mundo sabe cosas pero nunca las hablará con alguien de fuera. Tienen miedo y los tres misteriosos asesinatos (nunca se ha encontrada al cabeza responsable) crean pánico. Probablemente el conflicto por la propiedad es el que ha permitido a Tor conservarse. El día que se haga una carretera asfaltada, llegue electricidad y se abra una fonda, perderá todo su encanto.
Parece ser que los muertos fueron por escopetadas y a golpes de pico.