Tras una vida, decidió quitarse las manos de la cara.
Qué asco de piso. Tendría que limpiar.
Ella yacía en el suelo, delante de él, con la cara embadurnada de sangre y la pierna retorcida en un ángulo raro. No hacían falta rayos X: se la había partido en dos.
Se le hizo difícil respirar: el aire entraba en sus pulmones como si fuera fango, y sus venas y arterias ardían quemándole las sienes. Se oyó el ruido de dos coches colisionando en la calle. La habitación estaba sumamente fría; la acción que había tenido lugar hace un instante no había caldeado el ambiente lo bastante. Olía a papilla de bebé.
Se inclinó sobre ella y decidió que la haría hablar:
Sólo emitió silbidos y gorjeos.
Encubierto por los gritos de los conductores en discusión, la emprendió a golpes con la cara de su esposa. Cuando le propinó el quinto puñetazo, su mandíbula se desprendió. Definitivamente, no habría respuesta.
- También es mi hija - dijo.
Salió por la puerta, con los ojos inflamados y se sintió morir mientras ella se moría de verdad.
Qué asco de piso. Tendría que limpiar.
Ella yacía en el suelo, delante de él, con la cara embadurnada de sangre y la pierna retorcida en un ángulo raro. No hacían falta rayos X: se la había partido en dos.
Se le hizo difícil respirar: el aire entraba en sus pulmones como si fuera fango, y sus venas y arterias ardían quemándole las sienes. Se oyó el ruido de dos coches colisionando en la calle. La habitación estaba sumamente fría; la acción que había tenido lugar hace un instante no había caldeado el ambiente lo bastante. Olía a papilla de bebé.
Se inclinó sobre ella y decidió que la haría hablar:
Sólo emitió silbidos y gorjeos.
Encubierto por los gritos de los conductores en discusión, la emprendió a golpes con la cara de su esposa. Cuando le propinó el quinto puñetazo, su mandíbula se desprendió. Definitivamente, no habría respuesta.
- También es mi hija - dijo.
Salió por la puerta, con los ojos inflamados y se sintió morir mientras ella se moría de verdad.