cuellopavo
El hombre y la caja
- Registro
- 23 Abr 2006
- Mensajes
- 15.560
- Reacciones
- 9.812
Me he quedado dormido en el puto autobús. No sé cuánto tiempo llevo aquí, y me debe sangrar la nariz, porque noto ese sabor dulzón que tiene la sangre. Pero nadie me mira. Me quito los zapatos y bajo en la siguiente parada a respirar a la superficie. Miro en mi bolsillo y veo que me falta la cartera. Joder, este pueblo es un asco. Entro en un bareto de la Alameda, el 46 o no se coño de nombre, para lavarme, y el camarero me dice que el servicio es para los clientes. “Pues ponme un café” y voy a lavarme. Huele que apesta. Me mojo la cara y rasco en la sangre seca que se me ha quedado pegada a la piel. No hay nada para secarse. Salgo corriendo del bar porque no tengo para pagar ese café, y cuando estoy cerca de la plaza de Tiannamen, esa puta plaza plana que hicieron al lado de la Alameda, todavía oigo los insultos del camarero. Coño, me he dejado las gafas en el bar. Camino hasta la estación de autobuses, al lado del muelle. La poca gente que me cruzo me mira fijamente y me tapo la cara con el pelo. Cojo el bus y me largo a mi casa.
Cuando llego a mi portal, intento evitar al tendero de abajo, es un puto pesado, que siempre me pregunta por la salud de mi padre, y éste viene detrás y me dice que una tal Laura vino a recoger mis cosas. Que yo ya no vivo aquí. Le devuelvo su mirada de asco y cuando llego a casa de Laura la puerta está abierta de par en par. Mis cosas están esparcidas por la entrada y entro a tumbarme. Me vuelvo a quedar dormido hasta que me despiertan los gritos de la zorra del adosado de al lado. Laura está en urgencias. No tiene nada grave, pero la chica cree que sí. Me pregunto de qué chica me habla, pero antes de poder decirlo me vuelvo a dormir. Me pongo ropa limpia, me peino, y cuando salgo, el espejo del portal me dice que no estoy nada mal.
Cuando llego a mi portal, intento evitar al tendero de abajo, es un puto pesado, que siempre me pregunta por la salud de mi padre, y éste viene detrás y me dice que una tal Laura vino a recoger mis cosas. Que yo ya no vivo aquí. Le devuelvo su mirada de asco y cuando llego a casa de Laura la puerta está abierta de par en par. Mis cosas están esparcidas por la entrada y entro a tumbarme. Me vuelvo a quedar dormido hasta que me despiertan los gritos de la zorra del adosado de al lado. Laura está en urgencias. No tiene nada grave, pero la chica cree que sí. Me pregunto de qué chica me habla, pero antes de poder decirlo me vuelvo a dormir. Me pongo ropa limpia, me peino, y cuando salgo, el espejo del portal me dice que no estoy nada mal.
