Me lo dijo Pérez
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En mi caso, tenía por contrato la obligación de esterilizar la gata adoptada (y mostrar la operación); otras cláusulas eran nulas de pleno derecho, pero esta tenía una justificación bastante (el problema de multiplicación exponencial de colonias de gatos).¿Y el hedor asqueroso a orín de gato cómo lo disimuláis?
Porque cada vez que he ido a una casa en la que había gatos me he llevado una hostia olfativa importante en forma de ráfaga pestilente con trazas de amoníaco y azufre.
¿Ambientadores con forma de pino colgados por toda la casa quizás?
Recuerdo a mi gata al traerla a casa después de la extirpación: la pobre estaba tan drogada que se daba de golpes contra los muebles, como si estuviera borracha; pero su voluntad podía, un ejemplo del triunfo del espíritu sobre la materia, digamos.
Tengo entendido que el problema de los olores de orines compete a los gatos macho que no están castrados; y sí, a mí también me duele la idea.