Jacques de Molay
Freak total
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OS PEGO UN INQUIETANTE ARTÍCULO DEL PIRADO DE ANSÓN EN LA RAZÓN.
HACIA LA GUERRA DE IRAN
El presidente iraní Ali Rafsanyani ha anunciado que su país dispone ya de misiles con capacidad para alcanzar Israel. Si el César Bush II gana las próximas elecciones, desenfundará su revólver, forastero, y se liará a tiros en Irán.
Fueron varias las causas que, tras el 11-S, confluyeron en la decisión del Imperio de invadir Iraq, con esa guerra que se sabía cómo iba a empezar pero que nadie sabe cómo va a terminar. La caravana de las atrocidades se prolonga cada día. La guerra es siempre un horror. Tras haber presenciado, como enviado especial, varias contiendas, estoy, por principio, contra todas las guerras. Para la de Iraq se buscaron los pretextos de las armas de destrucción masiva y otras historias, pero los analistas sagaces no cayeron en el señuelo y subrayaron el motivo de fondo: las exigencias israelíes. El planteamiento de Sharon a Bush II se resume así: «Iraq dispone ya de misiles para asolar Israel. Su dictador es un loco que quiere ser el rais de todos los árabes. En cualquier momento puede dar la orden de aniquilar Israel. Y o atacas tú o ataco yo. Si ataco yo, se levantará el mundo árabe y a ver cómo resuelves la papeleta. Si atacas tú, una parte sustancial de las naciones árabes estará contigo». El lobby judío presionó en Washington hasta que el César dio la orden de invadir Iraq. José Luis Sampedro en un libro revelador, Los mongoles en Bagdad, explica la motivación profunda de la guerra de Iraq: «... la reordenación de toda esa área mundial para dar seguridad al Estado de Israel».
Sharon no puede tolerar que un país musulmán disponga de fuerza militar suficiente para golpear en su territorio. Sabe que si el Islam puede destruirá el Estado israelí y echará al mar a los judíos. Así es que atacará antes de ser atacado. O mejor dicho, si tiene un presidente norteamericano propicio, movilizará la fuerza colosal de los Estados Unidos para aplastar a sus enemigos. La posguerra iraquí, en fin, se ha convertido en una sangría, como era de esperar. Pero no para los judíos que han conseguido lo que querían. Ya no hay un Sadam Husein ni misiles amenazadores en Iraq, lo que garantiza la tranquilidad de Israel, al menos hasta que se haga cierta la amenaza iraní. Entonces estallará la guerra de Irán y Estados Unidos buscará pretextos para justicar su intervención porque no es presentable para la dignidad del César que actúe al dictado de los intereses judíos.
HACIA LA GUERRA DE IRAN
El presidente iraní Ali Rafsanyani ha anunciado que su país dispone ya de misiles con capacidad para alcanzar Israel. Si el César Bush II gana las próximas elecciones, desenfundará su revólver, forastero, y se liará a tiros en Irán.
Fueron varias las causas que, tras el 11-S, confluyeron en la decisión del Imperio de invadir Iraq, con esa guerra que se sabía cómo iba a empezar pero que nadie sabe cómo va a terminar. La caravana de las atrocidades se prolonga cada día. La guerra es siempre un horror. Tras haber presenciado, como enviado especial, varias contiendas, estoy, por principio, contra todas las guerras. Para la de Iraq se buscaron los pretextos de las armas de destrucción masiva y otras historias, pero los analistas sagaces no cayeron en el señuelo y subrayaron el motivo de fondo: las exigencias israelíes. El planteamiento de Sharon a Bush II se resume así: «Iraq dispone ya de misiles para asolar Israel. Su dictador es un loco que quiere ser el rais de todos los árabes. En cualquier momento puede dar la orden de aniquilar Israel. Y o atacas tú o ataco yo. Si ataco yo, se levantará el mundo árabe y a ver cómo resuelves la papeleta. Si atacas tú, una parte sustancial de las naciones árabes estará contigo». El lobby judío presionó en Washington hasta que el César dio la orden de invadir Iraq. José Luis Sampedro en un libro revelador, Los mongoles en Bagdad, explica la motivación profunda de la guerra de Iraq: «... la reordenación de toda esa área mundial para dar seguridad al Estado de Israel».
Sharon no puede tolerar que un país musulmán disponga de fuerza militar suficiente para golpear en su territorio. Sabe que si el Islam puede destruirá el Estado israelí y echará al mar a los judíos. Así es que atacará antes de ser atacado. O mejor dicho, si tiene un presidente norteamericano propicio, movilizará la fuerza colosal de los Estados Unidos para aplastar a sus enemigos. La posguerra iraquí, en fin, se ha convertido en una sangría, como era de esperar. Pero no para los judíos que han conseguido lo que querían. Ya no hay un Sadam Husein ni misiles amenazadores en Iraq, lo que garantiza la tranquilidad de Israel, al menos hasta que se haga cierta la amenaza iraní. Entonces estallará la guerra de Irán y Estados Unidos buscará pretextos para justicar su intervención porque no es presentable para la dignidad del César que actúe al dictado de los intereses judíos.
