Jaime por ahí no rebuznó:
En mi ciudad lo que se lleva más es el mirar fijamente y con cara de perro de presa
a cualquier mindundi, en cuanto el susodicho levante la cabeza y cruce
su mirada durante dos segundos escasos se le preguntará:
-"ke te kedas payaso" y se le golpeará con un casco de moto en el jeto
(en su defecto también aceptaremos un pitón).
Se continuará golpeandole hasta que se caiga al suelo, momento
que los cinco amiguetes que miraban la pelea sin intervenir aprovecharán
para liarse a patadas en la cabeza con el derribado.
Cuando alguno de los participantes en la tangana considere que el
que está en el suelo ya está suficientemente magullado, dejara de golpearlo e intentará agarrar al más mangui del grupo (el del "ke te kedas payaso").
-Tranki Brechas ya está, dejalo ya...
El cabecilla forcejeará e intentará liberarse al tiempo que grita:
-Sueltame mecagondios, ke me suda la polla irme preso pero yo
a este notas lo reviento.
E incluirá en su discurso alguna alusión a su barrio, bloque o polígono.
Estas pequeñas cosas que nos alegran la vida...
No me gusta.
Odio esa mierda. Aunque a veces el morbo me puede, odio esa mierda. Lo he visto mas de una vez, como muchos supongo y la verdad se me pone muy mal cuerpo.
Recuerdo cuando tenia 16 años, soliamos ir los findes de semana a una mini zona de garitos de una localidad proxima a la mia. El autobus se llama y se llamaba express, hacia un recorrido corto entre donde vivo yo y la localidad en cuestion.
En donde vivo, siempre ha habido una estirpe de malotes. Muy relacionados con la extrema derecha. Estos grupusculos normalmente entre jerarquias compartian la sangre, es decir, hermanos pequeños, mayores, medianos, o simplemente se apuntaban a la movida.
Total, estos animalitos coincidian siempre conmigo de vuelta a casa en el susodicho express. Donde he podido presenciar lo que es delegar las funciones de derecho de admision en los autobuses.
Todos aquellas noches, echaban literalmente a ostias durante el trayecto a quien les cayese mal. Suerte tenian si les echaban cerca de sus casas, si no carretera y manta, con los pies claro, puesto que era ultimo autobus.
Las patadas voladoras con ayuda de los sujeta manos a los pobres desprevenidos vista al frente que acababan con sus caras estampados en los cristales eran frecuentes.
El expreso de la muerte lo llamabamos. Y ciertamente lo era. Yo al ser del mismo sitio y haber estado en clase con esa gentuza me libre siempre de esas fechorias malosas. La maloteria era tal, que hasta hacian parar el bus para que se bajaran a mear si el conductor no se imponia un minimo.
Años mas tarde, me entere de que uno acabo en la carcel porque en unas fiestas de Madrid, dejaron paralitico a un chaval. Ya ves, estas tu de botellon ahi y vuelves en silla de ruedas.
En fin. Mal rollo.