Juvenal
Clásico
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- 23 Ago 2004
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Variante Asler del mito (cantada por Peret):
A E I O U
Variante normal:
Una vez que Zeus, tras pasear oculto por el mundo, advirtió la gran maldad y vileza que se adueñaba de los hombres, decidió exterminar a tal raza sin necesidad de acabar con el mundo creado. Para ello, decidió prescindir del rayo y la égida.
En su lugar, encerró a todos los vientos excepto al Noto. Viento este de pesadas barbas en las nubes, y de cuyos cabellos blancos mana constante agua y de eterna bruma en la frente. Sopla el Noto y comienza a diluviar...
No siendo suficiente, convocó el padre de los Dioses a su hermano. Poseidón ordena a los ríos que salgan de los cauces, derriben los diques y arrasan todo lo que encuentren. Además, con un fuerte golpe de tridente, los mares embravecidos comienzan a adueñarse de todo.
Las aguas reinan en toda la extensión del orbe, y sólo sobreviven en una mísera barquichuela Deucalión, hijo de Prometeo, y su esposa Pirra. Cesa el diluvio y la barca llega hasta el monte Parnaso.
Allí el matrimonio hace sacrificios a los inmortales y viendo la soledad en que se hallan se encuentran en perenne congoja, pues del humano linaje nadie permanece excepto ellos.
Piden ayuda al oráculo de Temis, y ésta responde:
"Alejaos del templo y cubrid la cabeza; desatad los vestidos ceñidos y arrojad tras la espalda los huesos de la gran madre".
Pirra, espantada, teme mancillar los restos de su madre. Finalmente, ambos cogen piedras y las van arrojando tras de sí.
De las arrojadas por Deucalión, comienzan a brotar poco a poco hombres, de las lanzadas por la mano de Pirra, surgen mujeres.
Es por eso que nuestro linaje, el de los auto-ctónos, es duro, y avezado a soportar fatigas que espantan a otras bestias. Y cuando dicen que el nuestro es un corazón de piedra, simplemente recuerdan nuestro origen.
Giovanni Benedetto Castiglione, "Deucalión y Pirra" (1655)
A E I O U
Variante normal:
Una vez que Zeus, tras pasear oculto por el mundo, advirtió la gran maldad y vileza que se adueñaba de los hombres, decidió exterminar a tal raza sin necesidad de acabar con el mundo creado. Para ello, decidió prescindir del rayo y la égida.
En su lugar, encerró a todos los vientos excepto al Noto. Viento este de pesadas barbas en las nubes, y de cuyos cabellos blancos mana constante agua y de eterna bruma en la frente. Sopla el Noto y comienza a diluviar...
No siendo suficiente, convocó el padre de los Dioses a su hermano. Poseidón ordena a los ríos que salgan de los cauces, derriben los diques y arrasan todo lo que encuentren. Además, con un fuerte golpe de tridente, los mares embravecidos comienzan a adueñarse de todo.
Las aguas reinan en toda la extensión del orbe, y sólo sobreviven en una mísera barquichuela Deucalión, hijo de Prometeo, y su esposa Pirra. Cesa el diluvio y la barca llega hasta el monte Parnaso.
Allí el matrimonio hace sacrificios a los inmortales y viendo la soledad en que se hallan se encuentran en perenne congoja, pues del humano linaje nadie permanece excepto ellos.
Piden ayuda al oráculo de Temis, y ésta responde:
"Alejaos del templo y cubrid la cabeza; desatad los vestidos ceñidos y arrojad tras la espalda los huesos de la gran madre".
Pirra, espantada, teme mancillar los restos de su madre. Finalmente, ambos cogen piedras y las van arrojando tras de sí.
De las arrojadas por Deucalión, comienzan a brotar poco a poco hombres, de las lanzadas por la mano de Pirra, surgen mujeres.
Es por eso que nuestro linaje, el de los auto-ctónos, es duro, y avezado a soportar fatigas que espantan a otras bestias. Y cuando dicen que el nuestro es un corazón de piedra, simplemente recuerdan nuestro origen.
Giovanni Benedetto Castiglione, "Deucalión y Pirra" (1655)