Hola.
La ciencia nos ha enseñado que tienes lo mismo en un metro cuadrado del salón que en el resto del universo. Esto hace que viajar sea innecesario y estúpido.
Todos los sitios son cojonudos y una soberana mierda según cómo se miren.
Y tampoco sé hasta que punto es necesario viajar para crecer. Una persona idiota da igual dónde le lleves, lo que lea o si va a la universidad que va a seguir siendo un completo asno.
Decían por ahí que todo estaba en todas partes, que el polvo del patio era el mismo que el de las estrellas. Y puede que fuera cierto, pero nadie aprendió a sembrar mirando el polvo desde la ventana. El problema no es que el mundo se repita, sino que uno se repite con él si no se mueve.
Viajar no cambia el universo; cambia el punto desde donde te equivocas. Y eso ya es algo.
San Basilio el Grande dejó dicho, sin adornos:
"La creación es una sola, pero el hombre no la comprende si no camina dentro de ella."
Decir que, si todo contiene lo mismo, ningún sitio añade nada, suena razonable hasta que uno recuerda que una semilla contiene el árbol entero y aun así no da sombra hasta que se planta en otra tierra.
Es verdad que hay necios que viajan y necios que no. Nadie lo discute. Pero concluir de ahí que el desplazamiento no sirve es como afirmar que la lluvia es inútil porque también empapa a los muertos.
San Agustín, que pasó media vida mudándose de error en error, escribió:
"El hombre no cambia de alma al cambiar de lugar, pero el lugar le revela el peso de su alma."
Todos los sitios pueden parecer sublimes o miserables según cómo se miren, pero quien dice eso suele olvidar que hay lugares que te devuelven la mirada, y en ese cruce no basta con relativizar.
San Juan Crisóstomo advirtió:
"El que nunca sale de sí mismo cree que el mundo es pequeño."
Viajar no vuelve sabio al idiota. Lo que hace es dejarlo sin refugio. En su tierra siempre puede culpar al clima, a la familia o a la costumbre. En tierra ajena, solo le queda su propia torpeza, y eso no se puede esconder.
En La Sagra nadie se iba lejos. No porque no hubiera caminos, sino porque marcharse implicaba aceptar que la tierra no lo explicaba todo. Por eso se quedaron hablando con los mismos de siempre, convencidos de que ya habían visto el mundo entero desde la cuneta.
Viajar no es una obligación ni una garantía.
Pero decir que es innecesario es como sostener que escuchar no sirve porque no todo el que oye entiende.
Algunos no cambian jamás.
Otros solo cambian cuando el suelo les falta bajo los pies.
Y ese temblor (aunque no salga en los libros) también enseña.