Me ha recordado a algo que me ocurrió a mí causalmente hace un año también, y con un tal Jon también por cierto. Aunque no en el País Vasco sino en las Vascongadas.
Un día me llama un antiguo compañero del CNI, uno de aquellos veteranos de los que en los años de plomo se infiltraron en los ambientes aberchales filo terroristas cuando aquello estaba bien pagado y hoy no les queda otra que malvivir infiltrándose en mezquitas y grupúsculos antifa y que aún vive en un lugar de las Vascongadas cuyo nombre no revelaré por motivos obvios de seguridad. Me dijo que necesitaba de mi astucia para deshacerse de dos vecinos de su mismo bloque que se la estaban liando bien liada con ruidos, mal comportamiento, violencia y una enemistad enfermiza. No quería sangre, sólo un trabajo fino de desocupación. Uno de los ocupas era un pequeño canallita enclenque que se dedicaba al trapicheo de droga y que respondía al nombre de Jon y el otro un gordo grasiento y pervertido con artrosis que malvivía a base de engañar a los servicios sociales vascos haciendo pasar a su madre por enferma para recibir ayudas y paguitas. No me acuerdo del nombre pero lo que nunca olvidaré será su peste. Cago y vuelvo.
Ya he cagao. Pues allí que fui yo, al norte a ayudar a un antiguo compañero de batallas campales, se lo debía porque más de una vez le pedí dinero para vicios que nunca le devolví. Y bueno, me pareció un trabajo sencillo y estaba aburrido y los ambientes sórdidos siempre me han gustado. Llegué al mugriento edificio y lo primero que hice fue preguntarle a una vecina adolescente que elegí no por adolescente sino por ser la hija del presidente de la comunidad. Me dijo la criatura que tuviera cuidao con los dos pero especialmente con el gordo con artrosis, que ya había intentado abusar de ella con la excusa de protegerla del otro, del tal Jon, que por cierto me dijo que no era tan malo, sólo un chico con problemas pasando una mala racha.
Lo primero que hice fue colarme en la casa del tal Jon y allí lo vi durmiendo en una tienda de campaña en el salón y la verdad es que me dio pena el chaval así que lo dejé tranquilo y me fui a la casa de enfrente que era donde vivía el otro, el gordo asqueroso, y no os podéis ni imaginar hasta que punto olía mal. Hay gente que huele mal, que huele fuerte, que apesta, pero aquello era otro nivel. Allí lo vi frente a su ordenador foreando en este foro en calzoncillos echando una peste en forma de humo verde que incluso podía verse igual que en los dibujos animados y ahí me dije que no, que ese trabajo era demasiado duro incluso para un héroe como yo y lo que hice fue volver a casa del Jon y le metí un par de hostias pero ahí se quedó durmiendo en su tienda de campaña y yo me fui a mi casa con el trabajo medio hecho que tampoco está mal, cinco sobre diez.