Una vez entré a una mercería y le digo bien alto y poniendo las manos fuerte en el mostrador "MIRE BOY VUSCANDO HILO DE SEDA" y me responde el notas del dueño: "oye, tú, aquí no vengas dando voces". Así que la cosa se calentó lo suficiente como para pegar los muslos al mostrador, los cuatro rectos femorales tensos contra la madera barnizada, y cogernos de la solapa; os juro que la conversación fue tal que así:
-Mira, ¡si no me sueltas te mato!
+Pues si te suelto es dentro de una tumba, macarra.
-Que me pongas hilo de seda, ¡joder!
+¡No me has dicho el color!
-Verde. Verde bosque.
+¿Cuántos?
-Dos. Suéltame ya que te abro la cabeza.
+Te suelto dos bofetones. 6 euros
-Toma 20 y me llevo también ese abanico de pasta calada en color carei para mi madre. Te huele la boca a pocero viejo divorciao.
+Gusto exquisito y buena camisa al tacto. Eres feo como un trillo de pedernales, hijoputa.
Y me soltó. Yo lo amarré con una mano del pescuezo hasta que me dio lo mio.