Ya que pregunta, no estoy en mi mejor momento. Mi respuesta no ha sido ni afirmativa ni negativa, pero me tomaré la libertad de seguir con el interrogatorio. ¿Qué me hace feliz? Pensar que mis vacaciones en Menorca están a la vuelta de la esquina, poder disfrutar de esos días con buenos amigos, que tengo una familia que me quiere y siempre está donde debe estar, saber más que nadie de la Fundación, hacer fotos al horizonte y comer melón con jamón.
Le contaré mi experiencia con las hormigas, ya que por su respuesta veo que no me cree.
Rondaría yo los 12 años y tenía la garganta terriblemente irritada en enero del 94. Mi madre me hizo leche con miel y limón para después de la cena. No podía casi tragar y ese líquido no me gustaba, así que lo dejé en la mesita de noche y no me lo tomé. A mitad de noche me desperté y, por aquel entonces compartía habitación con mi hermana, el dolor era más intenso, me ahogaba y era como tener un cactus en la garganta. Como no dejaba dormir, mi hermana me obligó a beberme aquel brebaje. Yo no quería, y cuando lo probé era amargo y picante hasta un punto insoportable. Empecé a gritar: ¡Qué asco! ¡Está amargo!
Tuve una sensación extraña y fui al cuarto de baño corriendo. Abrí la boca y mi lengua estaba negra, y pequeños trozos de hormigas se habían quedado por mis muelas.
Me voy a merendar. Talueg.