Asta
Freak
- Registro
- 26 Nov 2003
- Mensajes
- 7.792
- Reacciones
- 3
La vida es muy dura. Por eso yo he sido mala: para zafarme de
esta dureza, prevalecer y ser una en lo humano y en lo
psicotrópico. Es por ello.
La cuestión es que yo hi robao mucho, por vicio y por interés.
Y que mejor lugar que éste para intentar que me deis la
absolución, cabestros malparidos, y reconciliarme con la sociedad
a la que dañé, alcanzando así un nirvana de bondad que me
elevará por encima de la ponzoña y de la gusanera.
Comencé mis perrerías a la tierna edad de cinco años, robando
plastilina en la clase. Llegué a amasar una fortuna de casi cinco
kilos.
Poco tiempo después, y con meros fines usureros, afiné mi
estrategia forjandome fama de experta en el juego de las
canicas. En este sentido, logré que los muchachos quisieran
jugar conmigo partidas de guá aunque yo era chica. Entonces,
tras ganarme su confianza, empecé realmente a delinquir
abusando y engañando. Me tiraba al suelo fingiendo un acceso
de aliporis, justo encima del montón más abundante de canicas y
luego procedía a “ayudar” amablemente a la búsqueda. Pocas
aparecían, pues la mayoría acababan ladinamente en mis bragas,
donde nadie miraba (que tiempos, coño...).
También robé cirios, bolis y otras menudencias. En el gimnasio no
robaba porque olía mal y soy escrupulosa: sólo arrojaba
algunos zapatos por la ventana, pero era para hacer dolo a
mis compañeras y no para apropiarme de lo ajeno. Así que
esto no cuenta.
Robé una vez una bandeja de latón del comedor, porque tenía compartimentos.
En las librerias, ya de púber, robaba todo tipo de libros que
me escondía entre en pantalón y el jersey. Los atlas no me
cabían, pero toda la colección de Agatha Cristie y algunas
ediciones de diversas novelas fueron a parar a mi biblioteca.
También he robao casetes vírgenes TDK para grabar discos,
pilas, una escultura feísima que no se porqué coño la cogí,
varios ceniceros de hoteles (los botecitos de la ducha y las
toallas tampoco cuentan porque eso lo hace todo el mundo),
un escabel monísimo que había en un portal de la calle Serrano,
un contenedor de cerámica para hacer una queimada, etc.
Ayer mismo robé una guía de calles de mi oficina y un plotter
(que ni se lo que es ni me vale para un carajo).
No me acuerdo de más porque estoy muy triste y triste no puedo
pensar, aunque realmente nunca pienso porque estoy
descerebrada.
Mi proyecto futuro, si no me ayudais, mamarrachos, será robar
un pulmón de acero y una marquesina de bus para hacer
títeres (tengo que manufacturar a la Bruja Mirmilona y a Fedeús
, el gnomo pintoresco) y cobrar pingües beneficios.
Vosostros habeis robado también, así que no os hagais los
escandalizados, panda de moñas.
esta dureza, prevalecer y ser una en lo humano y en lo
psicotrópico. Es por ello.
La cuestión es que yo hi robao mucho, por vicio y por interés.
Y que mejor lugar que éste para intentar que me deis la
absolución, cabestros malparidos, y reconciliarme con la sociedad
a la que dañé, alcanzando así un nirvana de bondad que me
elevará por encima de la ponzoña y de la gusanera.
Comencé mis perrerías a la tierna edad de cinco años, robando
plastilina en la clase. Llegué a amasar una fortuna de casi cinco
kilos.
Poco tiempo después, y con meros fines usureros, afiné mi
estrategia forjandome fama de experta en el juego de las
canicas. En este sentido, logré que los muchachos quisieran
jugar conmigo partidas de guá aunque yo era chica. Entonces,
tras ganarme su confianza, empecé realmente a delinquir
abusando y engañando. Me tiraba al suelo fingiendo un acceso
de aliporis, justo encima del montón más abundante de canicas y
luego procedía a “ayudar” amablemente a la búsqueda. Pocas
aparecían, pues la mayoría acababan ladinamente en mis bragas,
donde nadie miraba (que tiempos, coño...).
También robé cirios, bolis y otras menudencias. En el gimnasio no
robaba porque olía mal y soy escrupulosa: sólo arrojaba
algunos zapatos por la ventana, pero era para hacer dolo a
mis compañeras y no para apropiarme de lo ajeno. Así que
esto no cuenta.
Robé una vez una bandeja de latón del comedor, porque tenía compartimentos.
En las librerias, ya de púber, robaba todo tipo de libros que
me escondía entre en pantalón y el jersey. Los atlas no me
cabían, pero toda la colección de Agatha Cristie y algunas
ediciones de diversas novelas fueron a parar a mi biblioteca.
También he robao casetes vírgenes TDK para grabar discos,
pilas, una escultura feísima que no se porqué coño la cogí,
varios ceniceros de hoteles (los botecitos de la ducha y las
toallas tampoco cuentan porque eso lo hace todo el mundo),
un escabel monísimo que había en un portal de la calle Serrano,
un contenedor de cerámica para hacer una queimada, etc.
Ayer mismo robé una guía de calles de mi oficina y un plotter
(que ni se lo que es ni me vale para un carajo).
No me acuerdo de más porque estoy muy triste y triste no puedo
pensar, aunque realmente nunca pienso porque estoy
descerebrada.
Mi proyecto futuro, si no me ayudais, mamarrachos, será robar
un pulmón de acero y una marquesina de bus para hacer
títeres (tengo que manufacturar a la Bruja Mirmilona y a Fedeús
, el gnomo pintoresco) y cobrar pingües beneficios.
Vosostros habeis robado también, así que no os hagais los
escandalizados, panda de moñas.