Friko
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- 11 May 2004
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El que niega la paja niega la madre!!! Con esa afirmación popular mis amigos y yo, comenzamos a destaparnos cuando teníamos entre 12 y 13 años de edad; en ese entonces, por curiosidad propia o por referencias de terceros, descubrimos que la masturbación existía y que era algo mas que un mito urbano, era, sigue y seguirá siendo: Su majestad!!! “La Paja”.
Luego de tardes enteras de jugar micro fútbol, se iban uniendo uno a uno mis amigos al círculo de la verdad, un espacio de tertulia tan místico como “La sociedad de los Poetas Muertos” y tan intimidador como el apocalíptico juicio final. En esas tertulias supimos quienes le habían sacado plata de la billetera al papa, quienes habían probado el cigarrillo o la cerveza, hasta quienes habían espiado a las amigas de la hermana midiéndose ropa.
Como es normal, el primer tema a tratar eran los errores y aciertos del partido, teniendo que oír como las figuras del “Picado” se vanagloriaban de sus tacos, gambetas, meleadas y demás piruetas del fútbol de salón. Luego de candentes debates acerca del arte de conducir “la pecosa” o “el esférico” como dicen los conocedores, se daba paso a la libertad de expresión, al arte popular del revire y el contrapunteo. Todos los días aprendimos algo nuevo; se gestaron conspiraciones contra el niño dios y el ratón Pérez, discutimos si Nike, se decía “Naic” o “Naiqui”, aprendimos que esos cigarrillos malformados y arrugados que olían como dulce eran tacados de marihuana, y que eso “sollaba”, incluso, comenzamos a ver como esos bichos raros que jugaban con unas muñecas tiesas y aburridas, se convertían en algo interesante pero extraño por que hacían sentir mariposas en el estomago.
Un buen día, luego de cumplir rigurosamente la ceremonia, y cuando la noche apenas comenzaba, una voz que aun recuerdo en cámara lenta, salió de la nada preguntando: Oigan, ustedes se han hecho la paja? Todas las miradas se posaron sobre el vocero de Onán; caras de suspenso, de sorpresa, de timidez y un silencio lapidario como telón de fondo dieron paso de nuevo al ponente de tan magnánimo cuestionamiento: Si, que si se han hecho la paja? Que si se han masturbado? Y ahí si entramos en caos, hubo todo tipo de comentarios al respecto, unos lo aceptamos, otros lo negaron, y a otros tuvimos el placer de explicarles como encontrar la fuente de la eterna juventud.
Cada uno de los presentes expuso su propia experiencia, no siempre diciendo la verdad, es que en los grupos siempre hay que mantener un bajo perfil para subsistir (o eso dicen en los realitys). Los que negaban haberlo hecho, aun bajo juramento, sufrieron la presión de extensos interrogatorios, fruto de los cuales se descubrieron varios adeptos de la autosatisfacción que no lo habían querido aceptar, bien por pena o por que decidieron decir que si para no ser catalogados como los quedados e inexpertos en las artes manuales. Los que inmediatamente reconocimos nuestra condición de “pajuelos”, quisimos ser completamente sinceros, pero volviendo a lo de mantener un bajo perfil, en esa época de mi vida no reconocí que me gustaba casi como el fútbol... o mas?
Una vez nos quitamos la mascara de niños, y asumimos con decisión nuestra adolescencia, entramos en discusiones mucho mas profundas sobre Altas Prácticas de masturbación, por ejemplo, donde? Como? Cuando? y cuantas veces al día? nos dábamos una manito.
En el baño, en el cuarto, de día, de noche, sentado, parado, acostado, con la derecha, con la izquierda, rápido, despacio, en fin, día tras día fuimos encontrando la línea de carrera, el performance perfecto de nuestro formula uno, y es que UNO es el que mejor sabe la FORMULA para encontrar la plena autosatisfacción. Así mismo las fuentes de inspiración comenzaron a aparecer; películas, revistas, las “Hinojosa”, actrices, modelos, amigas, primas y combinaciones diversas entre las anteriores, daban un amplio panorama para no caer en la monotonía.
Con el tiempo se fueron desarrollando técnicas avanzadas y depuradas que hicieron de la paja todo un ritual. Nunca olvidaré (y creo que mis amigos tampoco) cuando el gordo Torres, uno de los menores del grupo dice: “uy, ya se la hicieron con aceite Johnson’s?”, esa noche creo que nuestras pobres mamas o hermanas mayores vieron con asombro como desaparecieron de sus baños los frascos llenos de ese liquido viscoso tan desagradable para nosotros, por que era de uso exclusivo de las mujeres, claro está, hasta esa histórica fecha.
Fuimos creciendo y “La Paja” pasó a un segundo renglón en los temas de conversación, y esas tertulias después de jugar micro fútbol cambiaron de contexto, aparecieron el trago y el cigarrillo como protagonistas, y los debates deportivos se reemplazaron por la anatomía femenina: Cómo serán las tetas? Que se sentirá al perder la virginidad? Eso dolerá? Muchas cosas que las películas pornográficas que alquilábamos no podían respondernos claramente.
Y finalmente llegó el momento tan esperado por todos, hacer realidad el sueño que día tras día maquinábamos con nuestras mentes y manos, la hora de poner a prueba todo ese conocimiento popular, esa artesanía del sexo. Uno a uno de los miembros del círculo de la verdad comenzamos a perder la virginidad, a volvernos hombres “recorridos”, “maduros” y “vividos”. Con esa nueva experiencia adquirida ya no era importante ser o no “pajuelo”, ahora era de vital importancia tener un Miembro grande, o en el peor de los casos, no tenerlo por debajo del promedio. Y continuando con los hechos históricos que marcaron nuestras vidas, ¿como olvidar ese mítico artículo de la revista “Carrusel” que afirmaba que el tamaño promedio del pene oscilaba entre 14 cm y 17 cm en estado de erección?. No conozco un solo hombre que luego de leerlo no se lo haya medido. Ahí entendí que yo no era un fenómeno, que no lo tenía del tamaño de Papá Pitufo y que la pornografía mostraba equinos de dos patas y hombres que parecían haberse implantado trompas de elefante, que alivio!!!
Pero surgió con ese cambio una nueva inquietud: ¿si ya tenía con quien tener relaciones sexuales por que me seguía masturbando? ¿Si ya tenía con quien desahogar los mas carnales instintos por que no podía dejar de “halarme la piola”? Y ya en ése momento ni modo de preguntar, el círculo de la verdad no perdonaba pasos en falso, por lo cual no podía correr el riesgo de someterme al escarnio público de no haber superado la adolescencia. Entonces en completo estado de preocupación recurrí a las Santas Escrituras, mi mama siempre me dijo: “cuando tengas algún momento difícil abre la Biblia y en ella encontrarás la respuesta” y ante mi angustia existencial la busqué y la abrí al azar, encontrando la respuesta a mi problema: si a Cristo lo negaron tres veces por que no podía yo negar la paja? Y así fue, la paja ni se volvió a mencionar, por que todos nos volvimos “grandes”, por que el que la nombrara era un pajuelo y ahora éramos perros y tirones, es decir, “que oso guon”!!!
Luego de tardes enteras de jugar micro fútbol, se iban uniendo uno a uno mis amigos al círculo de la verdad, un espacio de tertulia tan místico como “La sociedad de los Poetas Muertos” y tan intimidador como el apocalíptico juicio final. En esas tertulias supimos quienes le habían sacado plata de la billetera al papa, quienes habían probado el cigarrillo o la cerveza, hasta quienes habían espiado a las amigas de la hermana midiéndose ropa.
Como es normal, el primer tema a tratar eran los errores y aciertos del partido, teniendo que oír como las figuras del “Picado” se vanagloriaban de sus tacos, gambetas, meleadas y demás piruetas del fútbol de salón. Luego de candentes debates acerca del arte de conducir “la pecosa” o “el esférico” como dicen los conocedores, se daba paso a la libertad de expresión, al arte popular del revire y el contrapunteo. Todos los días aprendimos algo nuevo; se gestaron conspiraciones contra el niño dios y el ratón Pérez, discutimos si Nike, se decía “Naic” o “Naiqui”, aprendimos que esos cigarrillos malformados y arrugados que olían como dulce eran tacados de marihuana, y que eso “sollaba”, incluso, comenzamos a ver como esos bichos raros que jugaban con unas muñecas tiesas y aburridas, se convertían en algo interesante pero extraño por que hacían sentir mariposas en el estomago.
Un buen día, luego de cumplir rigurosamente la ceremonia, y cuando la noche apenas comenzaba, una voz que aun recuerdo en cámara lenta, salió de la nada preguntando: Oigan, ustedes se han hecho la paja? Todas las miradas se posaron sobre el vocero de Onán; caras de suspenso, de sorpresa, de timidez y un silencio lapidario como telón de fondo dieron paso de nuevo al ponente de tan magnánimo cuestionamiento: Si, que si se han hecho la paja? Que si se han masturbado? Y ahí si entramos en caos, hubo todo tipo de comentarios al respecto, unos lo aceptamos, otros lo negaron, y a otros tuvimos el placer de explicarles como encontrar la fuente de la eterna juventud.
Cada uno de los presentes expuso su propia experiencia, no siempre diciendo la verdad, es que en los grupos siempre hay que mantener un bajo perfil para subsistir (o eso dicen en los realitys). Los que negaban haberlo hecho, aun bajo juramento, sufrieron la presión de extensos interrogatorios, fruto de los cuales se descubrieron varios adeptos de la autosatisfacción que no lo habían querido aceptar, bien por pena o por que decidieron decir que si para no ser catalogados como los quedados e inexpertos en las artes manuales. Los que inmediatamente reconocimos nuestra condición de “pajuelos”, quisimos ser completamente sinceros, pero volviendo a lo de mantener un bajo perfil, en esa época de mi vida no reconocí que me gustaba casi como el fútbol... o mas?
Una vez nos quitamos la mascara de niños, y asumimos con decisión nuestra adolescencia, entramos en discusiones mucho mas profundas sobre Altas Prácticas de masturbación, por ejemplo, donde? Como? Cuando? y cuantas veces al día? nos dábamos una manito.
En el baño, en el cuarto, de día, de noche, sentado, parado, acostado, con la derecha, con la izquierda, rápido, despacio, en fin, día tras día fuimos encontrando la línea de carrera, el performance perfecto de nuestro formula uno, y es que UNO es el que mejor sabe la FORMULA para encontrar la plena autosatisfacción. Así mismo las fuentes de inspiración comenzaron a aparecer; películas, revistas, las “Hinojosa”, actrices, modelos, amigas, primas y combinaciones diversas entre las anteriores, daban un amplio panorama para no caer en la monotonía.
Con el tiempo se fueron desarrollando técnicas avanzadas y depuradas que hicieron de la paja todo un ritual. Nunca olvidaré (y creo que mis amigos tampoco) cuando el gordo Torres, uno de los menores del grupo dice: “uy, ya se la hicieron con aceite Johnson’s?”, esa noche creo que nuestras pobres mamas o hermanas mayores vieron con asombro como desaparecieron de sus baños los frascos llenos de ese liquido viscoso tan desagradable para nosotros, por que era de uso exclusivo de las mujeres, claro está, hasta esa histórica fecha.
Fuimos creciendo y “La Paja” pasó a un segundo renglón en los temas de conversación, y esas tertulias después de jugar micro fútbol cambiaron de contexto, aparecieron el trago y el cigarrillo como protagonistas, y los debates deportivos se reemplazaron por la anatomía femenina: Cómo serán las tetas? Que se sentirá al perder la virginidad? Eso dolerá? Muchas cosas que las películas pornográficas que alquilábamos no podían respondernos claramente.
Y finalmente llegó el momento tan esperado por todos, hacer realidad el sueño que día tras día maquinábamos con nuestras mentes y manos, la hora de poner a prueba todo ese conocimiento popular, esa artesanía del sexo. Uno a uno de los miembros del círculo de la verdad comenzamos a perder la virginidad, a volvernos hombres “recorridos”, “maduros” y “vividos”. Con esa nueva experiencia adquirida ya no era importante ser o no “pajuelo”, ahora era de vital importancia tener un Miembro grande, o en el peor de los casos, no tenerlo por debajo del promedio. Y continuando con los hechos históricos que marcaron nuestras vidas, ¿como olvidar ese mítico artículo de la revista “Carrusel” que afirmaba que el tamaño promedio del pene oscilaba entre 14 cm y 17 cm en estado de erección?. No conozco un solo hombre que luego de leerlo no se lo haya medido. Ahí entendí que yo no era un fenómeno, que no lo tenía del tamaño de Papá Pitufo y que la pornografía mostraba equinos de dos patas y hombres que parecían haberse implantado trompas de elefante, que alivio!!!
Pero surgió con ese cambio una nueva inquietud: ¿si ya tenía con quien tener relaciones sexuales por que me seguía masturbando? ¿Si ya tenía con quien desahogar los mas carnales instintos por que no podía dejar de “halarme la piola”? Y ya en ése momento ni modo de preguntar, el círculo de la verdad no perdonaba pasos en falso, por lo cual no podía correr el riesgo de someterme al escarnio público de no haber superado la adolescencia. Entonces en completo estado de preocupación recurrí a las Santas Escrituras, mi mama siempre me dijo: “cuando tengas algún momento difícil abre la Biblia y en ella encontrarás la respuesta” y ante mi angustia existencial la busqué y la abrí al azar, encontrando la respuesta a mi problema: si a Cristo lo negaron tres veces por que no podía yo negar la paja? Y así fue, la paja ni se volvió a mencionar, por que todos nos volvimos “grandes”, por que el que la nombrara era un pajuelo y ahora éramos perros y tirones, es decir, “que oso guon”!!!