Entro a la peluquería, me siento y una chica tan extremadamente guapa como habladora, a la que llamaré A, se dispone a cortarme el pelo:
A- ¿Cómo lo quieres?
Yo- Bien corto, pero discreto.
A- Pero, ¿con los pelos de punta, o con melenita por detrás...? ¡Ah!, pero si tienes un mechón de canas en el flequillo, eso con tinte te lo quito en seguida.
Yo- Señorita, he dicho discreto, es decir, bien corto, pero en ningún caso a la moda de hoy en día. En cuanto a lo de las canas, son fruto del mucho discurrir, así que déjelas tal y como están, ya que me siento muy orgulloso de ellas.
A- De acuerdo, aunque yo creo que tendrías mucha mejor presencia si me dejaras hacer a mí.
Yo- Señorita, no le doy importancia alguna a mi estética y no me gusta llamar la atención delante de la gente. Con que me deje presentable y tal y como le indico, quedaré contento.
A- (Mientras comenzaba a cortar) Pues yo sí pienso que la estética sea muy importante. Fíjate que cuando viene a vendernos algún comercial con estética metrosexual nos volvemos locas. Yo a la forma de arreglarme le doy mucha importancia, de hecho cuando paseo por la calle no paro de sacar defectos a la manera de arreglarse de la gente e imagino como yo les pondría solución. Además, cuando viene alguna chica que pide trabajo a mi peluquería, a lo que doy más importancia es a su estética.
Yo- ¿Y qué me dices del talento?
A- ¿El talento? Pues sí, también es importante. Por cierto, y perdona que te lo repita, pero ese mechón de canas no pega con tu juventud. ¿Seguro que no quieres que te lo tinte?
Yo- Señorita, estas canas son fruto de un proceso natural al que se le denomina madurez. Si el transcurso de los años me hace aparentar más mayor es algo que no me disgusta, porque es lo que así impone la naturaleza. Deje a la naturaleza hacer, ya que es sabia; y dedíquese a cortarme el pelo con cuidado no vaya a ser que me haga algún trasquilón.
A-¿Yo hacer un trasquilón?, eso es imposible...