Bueno, es uno de los principios básicos de la Mecánica Cuántica. A escala subatómica, un objeto puede encontrarse en varios estados a la vez. Esta ambigüedad fundamental es ajena al mundo macroscópico. Así que hay que jugar un poco con la imaginación. Ese principio plantea una pregunta inicial: ¿Puede estar un gato simultáneamente vivo o muerto?... Esta cuestión se comenzó a plantear en los años 30 por dos grandes científicos: Albert Einstein y Erwin Schrödinger. Desde entonces, los éxitos de esta teoría no han quedado desmentidos, pero persiste su carácter extraño. Ya sabéis que la teoría cuántica trata de describir a escala microscópica un mundo donde no rige la lógica clásica, donde las partículas pueden hallarse simultáneamente en varios lugares, existiendo al mismo tiempo bajo varias identidades distintas.
A escala macroscópica, en cambio, el mundo parece banal: las puertas están abiertas o cerradas, los gatos están vivos o muertos. Parece haber dos universos. Uno, microscópico, es extraño, oculto a nuestros sentidos, pero fundamental para la comprensión de la naturaleza; el otro es el clásico, aquel en el que nos movemos junto con los objetos que nos rodean. ¿Cómo se efectúa la transición entre ambos mundos?... Este es uno de los grandes dilemas de la moderna física. Esa frontera borrosa entre lo cuántico y lo clásico es una tierra de nadie experimental y el problema se mantiene en el plano teórico por el momento.
Para ilustrar de manera llamativa este problema, Schrödinger, en 1935, planteó una experiencia imaginaria. Para ella se necesita un gato, una caja, un emisor radiactivo aleatorio, un detector de partículas, un martillo y un frasco conteniendo veneno: cianuro, por ejemplo. Dentro de la caja se coloca al gato, la fuente radiactiva, el detector, el martillo y el frasco de veneno. El conjunto se dispone de tal modo que si se produce la emisión de una partícula, ésta active un detector que, a su vez, hace que el martillo caiga sobre el recipiente de vidrio liberando el veneno. Hay un 50% de probabilidades de que la partícula sea emitida y otro 50% de que no lo sea. En caso afirmativo, se dispara todo el proceso y el gato muere. En caso contrario, vive. Y para averiguar el resultado, es preciso abrir la caja.
Ponemos el experimento en marcha y, tras un cierto tiempo, lo damos por finalizado. ¿Qué ha ocurrido allí dentro?. Pues lógicamente una de las dos posibilidades antes enunciadas. El gato estará vivo o muerto.
Pero no para los físicos cuánticos. Según ellos, las dos posibilidades solapadas han originado lo que se llama una superposición de estados. En el interior de la caja hay, en forma potencial, dos emisores radiactivos, dos detectores, dos martillos, dos frascos de venenos y dos gatos. En realidad, una función de onda que contiene en sí misma la superposición de estados y que representa las dos posibilidades de acción que posee la cadena de elementos enumerados.
La Física Cuántica afirma que al abrir la caja y observar lo sucedido, es cuando dicha función de onda se colapsa y sólo una de las dos posibilidades emerge en el mundo real. La observación es lo que determina si el gato está vivo o muerto. ¿Y si no observáramos el interior de la caja? Pues el gato y todo lo demás se hallaría en una especie de limbo, en un mundo cuántico indefinido, fuera aún de la existencia.
Ya decía el físico Edward Wheeler que "un fenómeno no es un verdadero fenómeno hasta que no es observado"...
Saludos
Ummita