Cuando uno llega al poder es muy difícil ser un Marco Aurelio, es mucho más sencillo terminar siendo un Calígula o un Heliogábalo o un Adolfito Hitler.
Posiblemente si todos nosotros llegáramos al poder absoluto termináramos de malas copias de Adolf, Nerón o Stalin.
Yo al menos me lo intentaría pasar teta mientras esperaba a que los pretorianos me dieran matarile y entonar entonces cual canto de cisne el "qualis artifex pereo" de turno.