Hola hijos de Paquirrin.
Soy un obrero.
Gano mil euros, me rodeo de jennies, panchitos, moros, canis, allá donde trabajo.
Son nauseabundos, y mis problemas y complejos empiezan a ser evidentes.
Podeis imaginaros la situación, yo no soy un Einstein, pero merezco más, yo sé que merezco mucho más.
Merezco más que pasar la mañana junto a una panchita como me ocurrió hoy que te diga:
"En Colombia hablamos el mejor castellano, mejor que ustedes los españoles".
Y tener que carcajear y decirle, a la vez que que mis dientes apretaban y hacian sobresalir mi vena, a la vez que mis manos medio temblaban al gesticular queriendo comunicar un estado de sorpresa, y a la vez que mis ojos casi desquiciados se clavaban en el rostro de aquel mono:
"Pero vamos a ver, si el castellano lo inventamos nosotros, como coño lo vais a hablar mejor que nosotros? Eh? Nunca lo habias pensado?"
Seguidamente una sonrisa forzada calmaba los nervios provocados por ese infraser y camufló esas ganas de acollejearla.
Supongo que con esto todo se resumirá, no quiero explicar el episodio de una Jennie que lleva una semana teniendo en vilo a la plantilla porque no sabe si está embarazada.
Para más inri decir que yo como con todos ellos, en la misma mesa, y que estas mismas conversaciones las comparto con todos ellos, incluida la historia del embarazo.
Ver a una Jennie de 17 años llena de cadenas de oro y con el pelo teñido de rojo diciendo que su novio le ha dicho que si quiere quitarselo el mismo puede hacerlo de un puñetazo mientras te comes un bacalao es algo que no deseo nadie.
Pero ante todo eso rio, no me contengo, les miro y rio, sonrio.
Francamente creo que no merezco esto, y sé que vosotros no me brindareis consuelo, sólo me dareis un "haber estudiado" o competireis a cual hace la gracia más humillante y original.
Pero este post está escrito sincera y seriamente, con todos los puntos y comas.
Adiós.