LeChuck
Freak total
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- 18 Ago 2010
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Atiende ahí que viene ladrillo.
Este verano se veía paro en el horizonte. Mi último trabajo se acabó en abril y yo planeaba pasarlo enclaustrado estudiando hasta septiembre, cuando volviesen a florecer escasas oportunidades de "lo mio".
En algún momento se me ocurrió recurrir a las ETT, esas empresas que te llaman para cosillas breves y con altísimas posibilidades de ser trabajo basura. Dado que ya había probado varias veces en los últimos años y nunca me hicieron ni puto caso, no esperaba que me llamasen.
Bueno, pues me llamaron. 3 días, 3, a trabajar en una afamada y acaudalada bodega en tareas de limpieza. 10,85€ la hora. Coitus interruptus total, porque aunque el salario es golosón, 3 días no da para nada.
Al final los tres días fueron dos semanas. Los compañeros y el encargado eran buena gente y el trabajo era físico pero manejable. Por lo tanto bien, pues el sueldo del mes de algún muerto de hambre me lo saqué yo en 10 días.
Gracioso estuvo el día que los currelas se enteraron de que soy informático.
"¡¿o sea, en mi puta mierda de opinión que no vale ni para tomar por culo, que tú tienes estudios?!" Leedlo con un ligero tono de incredulidad, como si fuese el primero que veían por allí.
Se acabó la cosa y el lunes siguiente ya me estaban llamando otra vez. Me dio mala espina escuchar la voz de la chica de la ETT y antes de que me comentase la oferta le dije que me iba unos días de vacaciones. Vaya, dijo, pues entonces nada porque era solo para unas horas.
Unas horas, ese concepto vergonzoso que debería estar prohibido en este país de mierda.
Al rato me vuelve a llamar, porque, igual, tal vez, puedas dejar de lado tus vacaciones si te interesa un contrato de un mes con posibilidad de continuar. Tras un poco de teatro acepté la oportunidad y abandoné mi plan de vacaciones falsas.
El trabajo, que desempeñé durante 9 días, fue el peor que he tenido, de largo, en mi vida.
Entrar a las seis de la mañana a una nave en un polígono en la que se fabrican las piezas de goma que encajan con las puertas de los coches. El proceso se llama vulcanizar. Fabricar piezas en una prensa a base de inyectar goma.
Una imagen muy lejanamente similar a lo relatado. Para que no sea todo letra
Lo primero que me dijeron era que me quedase en manga larga y que me pusiese tres pares de guantes. Me plantaron delante de una prensa (en el contrato se especificaba una tarea de validación de piezas en una mesa) y tras un par de días de mierda en los que una trabajadora me enseñó de que iba la vaina, tuve que empezar a fabricar piezas yo.
El proceso iba así: coges dos buenas manos de unas tiras de goma, izquierda y derecha, de un carro y las pones colgando de tu máquina, vieja y poco fiable, para tener suministro durante un rato. Las dos piezas se encajan en unos machos -la milimétrica posición, a ojo, es vital- y se colocan cuidadosamente dentro de la prensa, que emana un calor importante. Pulsas los dos botones de seguridad y se cierra la prensa durante unos 65 segundos.
En esos 65 segundos había que hacer varias cosas:
-Sacar las piezas previas muy, muy calientes, comprobar que estuviesen en buen estado (pocas veces), quitarles unas rebabas residuales (difícil, CON TRES PARES DE GUANTES) y echártelas al cuello
-Colocar las dos nuevas piezas en la prensa, abrasarte los dedos cada maldita vez, y marcarlas con tus iniciales a boli (llevando tres pares de guantes. Si se te cae el boli ya no lo puedes coger)
-Desplazarte dos metros a un puesto de pintura, en el que debías dar una capa de decapante y otra de pintura a las cabezas recién vulcanizadas de la piezas, tarea que requería valiosos segundos y considerable pericia para no cagarla. Luego colgar las piezas por la cabeza en una especie de mini radiadores para secarlas
-Volver a la máquina que ya se habría abierto y repetir el proceso
A pesar de que esta horrible tarea se realizaba non-stop durante las ocho horas y de que esos 65 segundos eran claramente insuficientes, aún había que hacer más cosas:
-Rellenar una ficha sobre el funcionamiento de la máquina "cuando tengas un rato" (nunca)
-Rellenar las pistolas de pintura y decapante cuando se acababan
-Recortar a tijera una pequeño borde a cada pieza antes de trabajarla (con 3 pares-de-guantes), porque la mayoría de los días si el material que venía era malo, las cabezas de las piezas vulcanizadas se abrían y por lo tanto no valían. Cuando te decían que el material venía malo caía como una losa.
-Recoger las piezas de los radiadores, comprobar si eran derecha o izquierda, y echarlas en unos carros para análisis de calidad (por parte de una friecroquetas también de ETT)
-Barrer el suelo cada cierto tiempo
-Rellenar un parte diario con unos cálculos de piezas buenas, malas, malas rescatadas, etc.
Solo esto ya era el infierno en la tierra. Pero si solo fuese eso no habría escrito este post.
Si hacer esa puta mierda no era suficientemente esclavizador, deshumanizador, y coñazo, todavia había más.
Las piezas se colocaban en los machos, en una linea poco definida. Según la calidad que iban mostrando, tu empujabas la goma un milímetro arriba o abajo (un milímetro o menos, nunca más). Tanto si te pasabas como si te quedabas corto surgían problemas que a menudo hacían desechar la pieza. El caso es que por la calidad del material de cada día, o por como respondiese en cada momento la cambiante naturaleza de la prensa, CADA VEZ que esta se abría yo miraba con el corazón en un puño si las piezas estaban bien o mal. Es decir, que las piezas saliesen bien o mal respondía más al material o la máquina que al operario. Esto los encargados lo sabían y aun así te la contaban si salían muchas piezas malas porque a alguien había que señalar al presentarse ante el jefe.
En toda esta mierda, este circulo interminable de asco y agobio, estaba la mujer que comprobaba que las piezas fabricadas fuesen buenas, y que daba por malas la mitad. Esta se abre, esta tiene un bulto, córtalas y recuperalas. Esta tiene una muesca, esta esta poco pintada, pintarla otra vez, esta tiene mucha pintura. Y el encargado, un tipo que nunca levantaba demasiado la voz pero que me dedicaba gélidas miradas y silencios por respuesta todo el tiempo, y que me dio varios toques de atención un tanto injustos. Creo que desde el primer día no me tragaba.
Total, un trabajo con horarios de mierda (rotativos, mañana, tarde, noche), en una nave en la que sufrías un calor increíble, un ruido insano, ademas de quemaduras, el coñazo de los dos bobos aquellos, y ocho horas de pie atado al ritmo de una máquina, padeciendo, minuto a minuto, todo lo relatado.
El trabajo era malo porque lo era el puesto. El peor de la empresa. Detrás mio había tíos en camiseta, con un ventilador, haciendo cosas mucho menos desagradables e incluso sentados. Y me consta que hay trabajos de vulcanizado, tal vez con malas condiciones de calor, quemaduras y ruido, pero mucho mejores que el mio.
Total, que el viernes pasado, tras nueve días, me llaman de la ETT y me dicen que no he pasado el periodo de prueba. Que no sigo. Esto primero me dejó perplejo, pues creía que tenia contrato para un mes y así lo había asumido. Segundo, sentí no poca humillación al pensar en las reacciones de los compañeros al no presentarme el lunes siguiente, y al sentir una bofetada metafórica del encargado, que sería el responsable de mi cese. Además de la probable conversación entre la empresa y la ETT sobre mi mal rendimiento, que ha derivado casi seguro en que no me vuelvan a llamar en la puta vida. Y finalmente, en extraño equilibrio con la rabia y la humillación sentí una libertad, y unas recuperadas ganas de vivir gloriosas.
En los nueve días que estuve pasé cada segundo repitiéndome: "no quiero estar aquí, no quiero estar aquí", y cuando no estaba: "no quiero volver, no quiero volver", que se llevaba peor. Apenas dormí, adelgacé dos o tres kilos, y curiosamente, tras terminar, he pasado siete días más durmiendo mal, en un estado de semi sonambulismo en el que me creía trabajando frente a la máquina, pero consciente de haber terminado mi contrato, sin realmente hacer nada, sin poder dejar mi autoobligada tarea de hacer piezas junto a un encargado que me ignoraba. Y cuando con no poca fuerza de voluntad ponía un pie delante del otro y me dirigía a la salida sin que nadie me dijese nada, preocupado por dejar piezas a medio hacer o la prensa abierta, tan pronto como cruzaba la puerta estaba acurrucado bajo las sabanas, liberado, pero con la cabeza bastante desnortada.
Road to hell
Después de esta experiencia cualquier trabajo me parece envidiable. Ser barrendero, o tener una pequeña frutería, cualquier cosa parece deliciosamente mejor que aquel purgatorio para gente sin estudios o atados a La Máquina por los hijos y la pobreza.
En resumen, las ETT son una mierda, pero también una tabla de salvación para mucha gente. Ofrecen trabajo basura, pero que con un poco de suerte puede pagar los gastos de la casa y los críos con trabajar tres semanas. El trabajador importa poco. Basta con que haga las cosas bien durante el tiempo del contrato y hasta nunca o hasta que te volvamos a llamar. Y si te la pueden meter doblada lo harán. Ademas de que las cuentas no me cuadran en el ingreso bancario, nunca me dijeron nada sobre mi tarea vulcanizando. Tuvo que avisarme un compañero de que señalar claramente en el parte que había estado haciendo vulcanizado suponía unos 200 euros extra al mes.
He tenido otros trabajos de mierda, pero es curioso como casi todos parecen decentes al lado de este. Yo creo que a todos nos hace falta un trabajo de mierda en algún momento de nuestra vida, uno que a la semana ya te ha quitado las ganas de vivir, para ponernos los pies en el suelo y para saber apreciar las cosas en su justa medida. En serio, a cuantas putas de oficina, que van con su botellita de agua, vestidas cada día como si atendiesen a un brunch de domingo, habéis visto quejarse de "estar muertas", de "estar agobiadas", de "trabajar muchísimo". Mira, puta, a ti te ponía a vulcanizar nueve días.
Y vosotros, que trabajos de mierda habéis tenido.
Este verano se veía paro en el horizonte. Mi último trabajo se acabó en abril y yo planeaba pasarlo enclaustrado estudiando hasta septiembre, cuando volviesen a florecer escasas oportunidades de "lo mio".
En algún momento se me ocurrió recurrir a las ETT, esas empresas que te llaman para cosillas breves y con altísimas posibilidades de ser trabajo basura. Dado que ya había probado varias veces en los últimos años y nunca me hicieron ni puto caso, no esperaba que me llamasen.
Bueno, pues me llamaron. 3 días, 3, a trabajar en una afamada y acaudalada bodega en tareas de limpieza. 10,85€ la hora. Coitus interruptus total, porque aunque el salario es golosón, 3 días no da para nada.
Al final los tres días fueron dos semanas. Los compañeros y el encargado eran buena gente y el trabajo era físico pero manejable. Por lo tanto bien, pues el sueldo del mes de algún muerto de hambre me lo saqué yo en 10 días.
Gracioso estuvo el día que los currelas se enteraron de que soy informático.
"¡¿o sea, en mi puta mierda de opinión que no vale ni para tomar por culo, que tú tienes estudios?!" Leedlo con un ligero tono de incredulidad, como si fuese el primero que veían por allí.
Se acabó la cosa y el lunes siguiente ya me estaban llamando otra vez. Me dio mala espina escuchar la voz de la chica de la ETT y antes de que me comentase la oferta le dije que me iba unos días de vacaciones. Vaya, dijo, pues entonces nada porque era solo para unas horas.
Unas horas, ese concepto vergonzoso que debería estar prohibido en este país de mierda.
Al rato me vuelve a llamar, porque, igual, tal vez, puedas dejar de lado tus vacaciones si te interesa un contrato de un mes con posibilidad de continuar. Tras un poco de teatro acepté la oportunidad y abandoné mi plan de vacaciones falsas.
El trabajo, que desempeñé durante 9 días, fue el peor que he tenido, de largo, en mi vida.
Entrar a las seis de la mañana a una nave en un polígono en la que se fabrican las piezas de goma que encajan con las puertas de los coches. El proceso se llama vulcanizar. Fabricar piezas en una prensa a base de inyectar goma.
Una imagen muy lejanamente similar a lo relatado. Para que no sea todo letra
Lo primero que me dijeron era que me quedase en manga larga y que me pusiese tres pares de guantes. Me plantaron delante de una prensa (en el contrato se especificaba una tarea de validación de piezas en una mesa) y tras un par de días de mierda en los que una trabajadora me enseñó de que iba la vaina, tuve que empezar a fabricar piezas yo.
El proceso iba así: coges dos buenas manos de unas tiras de goma, izquierda y derecha, de un carro y las pones colgando de tu máquina, vieja y poco fiable, para tener suministro durante un rato. Las dos piezas se encajan en unos machos -la milimétrica posición, a ojo, es vital- y se colocan cuidadosamente dentro de la prensa, que emana un calor importante. Pulsas los dos botones de seguridad y se cierra la prensa durante unos 65 segundos.
En esos 65 segundos había que hacer varias cosas:
-Sacar las piezas previas muy, muy calientes, comprobar que estuviesen en buen estado (pocas veces), quitarles unas rebabas residuales (difícil, CON TRES PARES DE GUANTES) y echártelas al cuello
-Colocar las dos nuevas piezas en la prensa, abrasarte los dedos cada maldita vez, y marcarlas con tus iniciales a boli (llevando tres pares de guantes. Si se te cae el boli ya no lo puedes coger)
-Desplazarte dos metros a un puesto de pintura, en el que debías dar una capa de decapante y otra de pintura a las cabezas recién vulcanizadas de la piezas, tarea que requería valiosos segundos y considerable pericia para no cagarla. Luego colgar las piezas por la cabeza en una especie de mini radiadores para secarlas
-Volver a la máquina que ya se habría abierto y repetir el proceso
A pesar de que esta horrible tarea se realizaba non-stop durante las ocho horas y de que esos 65 segundos eran claramente insuficientes, aún había que hacer más cosas:
-Rellenar una ficha sobre el funcionamiento de la máquina "cuando tengas un rato" (nunca)
-Rellenar las pistolas de pintura y decapante cuando se acababan
-Recortar a tijera una pequeño borde a cada pieza antes de trabajarla (con 3 pares-de-guantes), porque la mayoría de los días si el material que venía era malo, las cabezas de las piezas vulcanizadas se abrían y por lo tanto no valían. Cuando te decían que el material venía malo caía como una losa.
-Recoger las piezas de los radiadores, comprobar si eran derecha o izquierda, y echarlas en unos carros para análisis de calidad (por parte de una friecroquetas también de ETT)
-Barrer el suelo cada cierto tiempo
-Rellenar un parte diario con unos cálculos de piezas buenas, malas, malas rescatadas, etc.
Solo esto ya era el infierno en la tierra. Pero si solo fuese eso no habría escrito este post.
Si hacer esa puta mierda no era suficientemente esclavizador, deshumanizador, y coñazo, todavia había más.
Las piezas se colocaban en los machos, en una linea poco definida. Según la calidad que iban mostrando, tu empujabas la goma un milímetro arriba o abajo (un milímetro o menos, nunca más). Tanto si te pasabas como si te quedabas corto surgían problemas que a menudo hacían desechar la pieza. El caso es que por la calidad del material de cada día, o por como respondiese en cada momento la cambiante naturaleza de la prensa, CADA VEZ que esta se abría yo miraba con el corazón en un puño si las piezas estaban bien o mal. Es decir, que las piezas saliesen bien o mal respondía más al material o la máquina que al operario. Esto los encargados lo sabían y aun así te la contaban si salían muchas piezas malas porque a alguien había que señalar al presentarse ante el jefe.
En toda esta mierda, este circulo interminable de asco y agobio, estaba la mujer que comprobaba que las piezas fabricadas fuesen buenas, y que daba por malas la mitad. Esta se abre, esta tiene un bulto, córtalas y recuperalas. Esta tiene una muesca, esta esta poco pintada, pintarla otra vez, esta tiene mucha pintura. Y el encargado, un tipo que nunca levantaba demasiado la voz pero que me dedicaba gélidas miradas y silencios por respuesta todo el tiempo, y que me dio varios toques de atención un tanto injustos. Creo que desde el primer día no me tragaba.
Total, un trabajo con horarios de mierda (rotativos, mañana, tarde, noche), en una nave en la que sufrías un calor increíble, un ruido insano, ademas de quemaduras, el coñazo de los dos bobos aquellos, y ocho horas de pie atado al ritmo de una máquina, padeciendo, minuto a minuto, todo lo relatado.
El trabajo era malo porque lo era el puesto. El peor de la empresa. Detrás mio había tíos en camiseta, con un ventilador, haciendo cosas mucho menos desagradables e incluso sentados. Y me consta que hay trabajos de vulcanizado, tal vez con malas condiciones de calor, quemaduras y ruido, pero mucho mejores que el mio.
Total, que el viernes pasado, tras nueve días, me llaman de la ETT y me dicen que no he pasado el periodo de prueba. Que no sigo. Esto primero me dejó perplejo, pues creía que tenia contrato para un mes y así lo había asumido. Segundo, sentí no poca humillación al pensar en las reacciones de los compañeros al no presentarme el lunes siguiente, y al sentir una bofetada metafórica del encargado, que sería el responsable de mi cese. Además de la probable conversación entre la empresa y la ETT sobre mi mal rendimiento, que ha derivado casi seguro en que no me vuelvan a llamar en la puta vida. Y finalmente, en extraño equilibrio con la rabia y la humillación sentí una libertad, y unas recuperadas ganas de vivir gloriosas.
En los nueve días que estuve pasé cada segundo repitiéndome: "no quiero estar aquí, no quiero estar aquí", y cuando no estaba: "no quiero volver, no quiero volver", que se llevaba peor. Apenas dormí, adelgacé dos o tres kilos, y curiosamente, tras terminar, he pasado siete días más durmiendo mal, en un estado de semi sonambulismo en el que me creía trabajando frente a la máquina, pero consciente de haber terminado mi contrato, sin realmente hacer nada, sin poder dejar mi autoobligada tarea de hacer piezas junto a un encargado que me ignoraba. Y cuando con no poca fuerza de voluntad ponía un pie delante del otro y me dirigía a la salida sin que nadie me dijese nada, preocupado por dejar piezas a medio hacer o la prensa abierta, tan pronto como cruzaba la puerta estaba acurrucado bajo las sabanas, liberado, pero con la cabeza bastante desnortada.
Road to hell
Después de esta experiencia cualquier trabajo me parece envidiable. Ser barrendero, o tener una pequeña frutería, cualquier cosa parece deliciosamente mejor que aquel purgatorio para gente sin estudios o atados a La Máquina por los hijos y la pobreza.
En resumen, las ETT son una mierda, pero también una tabla de salvación para mucha gente. Ofrecen trabajo basura, pero que con un poco de suerte puede pagar los gastos de la casa y los críos con trabajar tres semanas. El trabajador importa poco. Basta con que haga las cosas bien durante el tiempo del contrato y hasta nunca o hasta que te volvamos a llamar. Y si te la pueden meter doblada lo harán. Ademas de que las cuentas no me cuadran en el ingreso bancario, nunca me dijeron nada sobre mi tarea vulcanizando. Tuvo que avisarme un compañero de que señalar claramente en el parte que había estado haciendo vulcanizado suponía unos 200 euros extra al mes.
He tenido otros trabajos de mierda, pero es curioso como casi todos parecen decentes al lado de este. Yo creo que a todos nos hace falta un trabajo de mierda en algún momento de nuestra vida, uno que a la semana ya te ha quitado las ganas de vivir, para ponernos los pies en el suelo y para saber apreciar las cosas en su justa medida. En serio, a cuantas putas de oficina, que van con su botellita de agua, vestidas cada día como si atendiesen a un brunch de domingo, habéis visto quejarse de "estar muertas", de "estar agobiadas", de "trabajar muchísimo". Mira, puta, a ti te ponía a vulcanizar nueve días.
Y vosotros, que trabajos de mierda habéis tenido.
Sabiamente editado por un moderador:
), la de chapas con nombres de chinos que se puede ver en plan piso patera poniendo nombres en un papel pegado de todos los que son y no caben en la chapita con el nombre o gente que pasa de recoger el buzón y poder ir tres meses seguidos y estar allí lo que habías dejado.
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