Yo no bebo cerveza más que cuando quedo con alguien de vez en cuando, y el vino en comidas familiares en fechas señaladas o en restaurantes cuando como fuera. En casa agua siempre, concretamente solans de cabras, muy rica y tal. Me bebo litro y medio diario, con disciplina prusiana.
Pero de todos modos, soy bebedor social, tanto para cerveza como de vino, y siempre en ocasiones excepcionales. En verano, para vergüenza de mis acompañantes, profundamente subnormales, suelo pedir horchata en los bares cuando me siento en una terraza, y nadie quiere pedirla por mi, porque creen que es una vergüenza y una deshonra, una bebida poco viril y tal. Las soplapolleces de los acomplejados y la gente que las femilerdas llama de "masculinidad frágil". La horchata fresquita en verano es bocatta di cardinale, qué cojones, es una superbebida, y además española. Cuando voy con alguna tipa me hace bromas y chascarrillos absurdos, sobre todo porque ver a un tipo con barba decimonónica bebiendo esos brebajes no les encaja.
El café, por ejemplo, jamás lo bebo, ni para desayunar, y la leche sola me da arcadas. El agua es mi bebida predilecta, para soltar mis buenas meadas (varias por día) sin levantar la tapa del retrete, cosa que a veces hago a propósito cuando estoy en casa de mi madre con mis hermanos, para luego reírme cuando sientan el buyate y se pringan con mi orín y ya saben que es cosa mía. Muajajajajajjajaja, qué hijo de la gran puta soy.