Qué placentero es haber comido sopa castellana y luego solomillo, y tras haber procesado los alimentos ir expulsando lentamente, en forma de sólido vaporizado, los deshechos por el ano. Ese olor a comida caliente en invierno, esa sensación de purificarse por dentro. Esos pedos fétidos que a los demás les hacen vomitar y a uno mismo le hace senti un inexplicable placer. El hedor, perdura en la habitación hasta que ésta es ventilada y el aire se renueva. Y el intestino ha ido purgándose, hasta que, después de expulsar los gases en sí, el vacío provocado hace que las heces fecales vengan después. Y así completar un ciclo que demuestra que funcionamos como un reloj.
