Aparte de la injustificable ausencia de Raul hay un tema que me preocupa sobremanera en relación a nuestro equipo nacional. Las barbas de nuestros jugadores. ¿Porque? ¿Es sexy o respetable parecer un gitano, un mendigo, un perroflauta famélico y roñoso? ¿La decadencia es bella, la mugre excita el paladar feminino y estimula su hambre de rabo futbolero? ¿Es obligatario que vayamos por el mundo evidenciando el garrulismo y el pésimo criterio estético de nuestros jugadores?
Jabón y navaja. Esta es mi propuesta, como si fueran oficiales del III Reich, o estatuas clásicas. Los pelos en los cojones es donde deben estar y no desgreñados y repulsivo en las jetas de aquellos que nos representan. Bastante tenemos ya con aguantar al negro en el equipo como para tener que soportar su facha de desgarbada y mendicante. Debemos ser pulcros, ejemplares y no sucumbir a esta tendencia miserable de las barbas juveniles y ridículas.
Algunos de vosotros, me temo, ireis por la calle, orgullosos y viriles luciendo en vuestra cara cuatro pelos mal puestos. Tal vez me gane de esta forma, si no la tengo ya, vuestra antipatia, pero confío en que la insoportable densidad de mis ladrillos os espante y apenas cuatro o cinco lectores reparen en mis diatribas. Aun asi, vosotros, queridos barbudos, podeias hacer lo que os salga del escroto, no sois nada mio, no me representais y por lo tanto no me ofende vuestra discutible elección estética.