El patrimonio de la violencia es exclusivo del Estado.
Y el Estado ha de ser dirigido hacia el comunismo por una vanguardia revolucionaria, encarnada (como no podía ser de otra manera) por los cuadros del Partido.
Asimismo, no se debe titubear en modo alguno a la hora de extirpar de raíz el pernicioso tumor de la Contrarrevolución y el Revisionismo.
Los traidores serán desenmascarados y ejecutados, si bien previamente se les permitirá confesar en público sus desviaciones.