"Gazpacho" es una palabra que vendría del portugués "caspacho" derivado del prerromano "caspa" o sea "residuo", "fragmento". Así el nombre del plato aludiría a los trocitos de pan que componen todos los gazpachos. Es un plato muy antiguo. Lo comían los segadores después de muchas horas de trabajo en pleno sol. Era considerado como un plato para pobres y había gente para extrañarse de que un plato tan liviano pudiera alimentar a gente que trabajaba tan duro.
Con la llegada de la dietética y el gusto por las vitáminas, se ha puesto de moda, y tiene hoy en día mucho éxito. Demasiado quizás, pues no todos los gazpachos que pues no todos los gazpachos que se sirven en los restaurantes merecen el nombre de esta sopa tan rica y sana.
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Numerosos documentos atestiguan que los gazpachos son sopas muy antiguas. Cuando Sancho Panza dejó la Ínsula Barataria, triste y desilusionado por los controles y limitaciones a que eran obligadas las personas de alta alcurnia, iba añorando los de su pueblo: «Más quiero hartarme de gazpachos, que estar sujeto a la miseria de un médico impertinente, que me mata de hambre».
Los gazpachos de El Quijote se parecían muy poco a los nuestros, porque en aquel tiempo no eran de uso común las soberbias hortalizas de la huerta americana: tomates, pimientos y pepinos. Todavía a mediados del siglo XVIII, Juan de la Mata, en su Arte de Repostería, describe un gazpacho común llamado Capón de Galera, que consta solamente de «pan sin meollo» (miga), ajos, vinagre, azúcar, sal, «aceyte» (sic) y, cosa curiosa, «espinas de anchoas».
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Parece que la palabra gazpacho, que comparten el portugués y el castellano, viene del mozárabe caspos, que designa los trozos de pan.
A lo largo de la historia, el gazpacho ha pasado de condumio de campesinos y legionarios romanos a ser la reina de las sopas frías de la cocina universal, junto con las vichysoisses y los bortusch.
En las cuadrillas de jornaleros del campo, junto con el muchacho encargado de pasar el botijo, había siempre un gazpachero, que molía con paciencia el gazpacho para el almuerzo del medio día. Estos gazpachos rústicos se improvisaban con gran fantasía, echando mano de los aromas, frutos y hortalizas que se tuviera al alcance para acompañar a la trilogía básica: aceite, vinagre y pan.