MuRRaY
Veterano
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Nicte rebuznó:La primera fue jugando al fútbol, en 5 de primaria.
Jugábamos toda la clase, aunque realmente, de las chicas solo 4 participábamos, el resto se dedicaba a molestar en medio del campo y así joder al contrario.
Bueno, el caso es que ese día estaba jugando bastante bien, robaba los balones y tal con bastante facilidad dado que yo formaba parte del equipo de atletismo y estaba en forma. En eso, que recibí el balonazo del año en toda la cara, cuando yo era portadora de gafas.
El golpe fue tal, que me lanzo unos metros mas atrás, y a mis gafas otros cuantos mas. Caí con todo mi peso encima de mi cabeza en un durísimo suelo de cemento. Perdí la conciencia unos segundos, pero cuando la recupere, solo veía caras de sorpresa, incredulidad y alguna de preocupación.
Es que el fútbol es un juego no apto para tías y/o plumas que se van con el viento.
Precisamente donde me meto las mejores hostias, pero de las divertidas, no de las que me rompen huesos ni nada, es en el fútbol, sobre todo cuando es en campo de hierba.
Aún recuerdo con ternura una ocasión en que en un partido, el balón se quedó parado a unos metros mía. Enfrente mía, y a la misma distancia del balón que yo (pero al otro lado, como si estuviera en el extremo de una circunferencia), se encontraba alguien del equipo contrario. No nos lo pensamos dos veces y los dos salimos corriendo a por el balón a toda hostia, llegamos a la vez y le dimos a la vez un patadón al balón. Nada más rozar el balón salí volando literamente llegando hasta a tomar por culo en el campo. Tras conseguir volver a moverme y tal, y girar la cabeza a ver si el otro había metido gol, no pude aguantar la risa cuando ví que el otro había volado lo mismo que yo o más.
