Sir Ringo Starr
Veterano
- Registro
- 2 Feb 2005
- Mensajes
- 1.694
- Reacciones
- 0
Corría el año 2005 cuando una tarde fui a ver a un amigo mío, un buen guitarrista que se lamentaba de alopecia androgenética desde hacía unos meses. Mientras hablábamos de ello un día, me espetó: "Pues a ti se te adivinan algunos claros en el pelo, quizá deberías ir al dermatógolo".
A partir de aquél momento la obsesividad tomó el control de mis nervios: mi vida, en cierto modo, cambió. Pese a que no tenía muchos antecedentes familiares de calvicie siempre había tenido un miedo terrible e irracional a quedarme sin pelo, temor de siempre agravado por lo mal que se veía mi cabeza desnuda tras el atrevimiento adolescente de raparme al cero. Sí, reconozco que es extraña. No anda mal de tamaño pero se adivina un rastro judío que sí proviene de mis antepasados: en el centro de mi cráneo sobresale ligeramente una especie de cresta natural, pequeño apéndice casi imperceptible a un tercero pero que, a ojos de quien esto escribe se ve poco menos que asqueroso.
En fin, en mala hora me comentó aquella bobada. A partir de aquél momento empecé a sufrir una caida del cabello bastante galopante que me llegó a tener loco. Mis amigos me llamaban paranoico, mi novia andaba harta de mis quejas y lamentos y yo cada día me veía más pelado.
Hasta que un día visité al mejor dermatólogo de Barcelona, el doctor Alejandro Camps, con despacho en la clínica Teknon. Me hizo algunas preguntas acerca de mi vida, de mi estado psicológico. Me indujo a pensar que sí, que pese a que se adivinaba una alopecia androgenética - la que nuestros queridos padres nos transmiten - parecía también sin embargo inducida y agravada por mi insistencia masoquista en mirarme en cada espejo, preguntar a cada persona, y comparar con cada foto.
Evité mirarme el pelo en los espejos en medida de lo posible. Empecé a sacudir la almohada cada mañana sin mirar, para evitar ver los pelos que había dejado durante la noche. No pregunté más. No molesté más. No me obsesioné más.
El pelo que me había caido - coronilla, entradas y parte de arriba en general - volvió a crecer, con más fuerza que nunca.
Entendería que esta historia les pareciera chorra - lo es - o que creyeran que la "moraleja" es una estupidez, pero pese a que la caida del cabello es inevitable en los hombres a partir de cierta edad, por esta y otras experiencias que ya contaré les puedo asegurar que TODO está en la mente y que la alopecia, como tantísimas otras cosas, es una cuestión de FE.
Aunque imagino que también ayudaron el Minoxidil 5% y el Finasteride
A partir de aquél momento la obsesividad tomó el control de mis nervios: mi vida, en cierto modo, cambió. Pese a que no tenía muchos antecedentes familiares de calvicie siempre había tenido un miedo terrible e irracional a quedarme sin pelo, temor de siempre agravado por lo mal que se veía mi cabeza desnuda tras el atrevimiento adolescente de raparme al cero. Sí, reconozco que es extraña. No anda mal de tamaño pero se adivina un rastro judío que sí proviene de mis antepasados: en el centro de mi cráneo sobresale ligeramente una especie de cresta natural, pequeño apéndice casi imperceptible a un tercero pero que, a ojos de quien esto escribe se ve poco menos que asqueroso.
En fin, en mala hora me comentó aquella bobada. A partir de aquél momento empecé a sufrir una caida del cabello bastante galopante que me llegó a tener loco. Mis amigos me llamaban paranoico, mi novia andaba harta de mis quejas y lamentos y yo cada día me veía más pelado.
Hasta que un día visité al mejor dermatólogo de Barcelona, el doctor Alejandro Camps, con despacho en la clínica Teknon. Me hizo algunas preguntas acerca de mi vida, de mi estado psicológico. Me indujo a pensar que sí, que pese a que se adivinaba una alopecia androgenética - la que nuestros queridos padres nos transmiten - parecía también sin embargo inducida y agravada por mi insistencia masoquista en mirarme en cada espejo, preguntar a cada persona, y comparar con cada foto.
Evité mirarme el pelo en los espejos en medida de lo posible. Empecé a sacudir la almohada cada mañana sin mirar, para evitar ver los pelos que había dejado durante la noche. No pregunté más. No molesté más. No me obsesioné más.
El pelo que me había caido - coronilla, entradas y parte de arriba en general - volvió a crecer, con más fuerza que nunca.
Entendería que esta historia les pareciera chorra - lo es - o que creyeran que la "moraleja" es una estupidez, pero pese a que la caida del cabello es inevitable en los hombres a partir de cierta edad, por esta y otras experiencias que ya contaré les puedo asegurar que TODO está en la mente y que la alopecia, como tantísimas otras cosas, es una cuestión de FE.
Aunque imagino que también ayudaron el Minoxidil 5% y el Finasteride

