LA NOCHE

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A mi me costó algunos años darme cuenta de que no me gusta el ambiente de la fiesta nocturna, no al menos el único que conozco. No me gusta el ruido, ni la música, ni las aglomeraciones. Así que para los 23 o 24 ya prácticamente no trasnochaba, ni lo echo de menos. Si acaso cuando salgo estoy de vuelta prontito.

Lo peor era cuando me volví plenamente consciente de lo lamentable de la rutina. Cuando comprendí que no era más que otro mono que solo sale para ver si pesca un coño pero se pone la excusa de que lo hace para divertirse con los amigos, aunque algo de eso había también.

Me di cuenta de que mi rutina de salir por los bares no era una elección propia sino que lo había aceptado el comportamiento de la horda. Como algo que había que hacer. Porque el que no salía era un weirdo. Y me pasé años bebiendo cubatas y mierdas varias, cuando a mi el solo sabor del alcohol me desagrada, y entrando en sitios atestados, cuando los sitios con mucha gente me agobian, y la música comercial me provoca náuseas.

Por no mencionar las horas perdidas al día siguiente, con resaca, o simplemente medio zombi a la una de la tarde. Y el dinero gastado, que no es poco el que se va si paras por tres o cuatro garitos.

Y esa sensación por la mañana de haber tirado la noche. Me sentía mal porque literalmente no había hecho nada destacable, estaba totalmente desorientado y desganado y tenía un puñado de euros menos.

Y pensar que hay gente que no perdona no salir dos o tres días a la semana sin falta.


Hace poco conté que durante una buena temporada "mi grupo" y yo salíamos a la calle no antes de las cuatro de la mañana. Casi siempre para ir directamente al centro neurálgico donde se juntaban todos los subnormales, previo pago de entrada. O llegábamos a algún bar cuando estaban a punto de cerrar, la gente se iba y alguna camarera nos miraba con odio.

No hay mayor tontada que salir de fiesta cuando cierran los bares, joder.
 
Última edición por un moderador:
A mi si me tocara una cantidad de dinero suficiente para jubilarme a mi y a mi descendencia, ni me dedicaria a ayudar al prójimo ni a viajar por el mundo, estas cosas cansan demasiado.

Dedicaria mi vida a navegar por los lugares más recógnitos de internet hasta altas horas de la madrugada, veria alguna serie, me haria alguna que otra paja, y disfrutaria de las horas del dia donde mi cuerpo y mente no sé porque se sincronizan en un estado de relax y felicidad.

Luego por la mañana me levantaria, desayunaria y a la cama de nuevo.

Mucho mejor que el sexo.
 
A mi si me tocara una cantidad de dinero suficiente para jubilarme a mi y a mi descendencia, ni me dedicaria a ayudar al prójimo ni a viajar por el mundo, estas cosas cansan demasiado.

Dedicaria mi vida a navegar por los lugares más recógnitos de internet hasta altas horas de la madrugada, veria alguna serie, me haria alguna que otra paja, y disfrutaria de las horas del dia donde mi cuerpo y mente no sé porque se sincronizan en un estado de relax y felicidad.

Luego por la mañana me levantaria, desayunaria y a la cama de nuevo.

Mucho mejor que el sexo.

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A mi si me tocara una cantidad de dinero suficiente para jubilarme a mi y a mi descendencia, ni me dedicaria a ayudar al prójimo ni a viajar por el mundo, estas cosas cansan demasiado.

Dedicaria mi vida a navegar por los lugares más recógnitos de internet hasta altas horas de la madrugada, veria alguna serie, me haria alguna que otra paja, y disfrutaria de las horas del dia donde mi cuerpo y mente no sé porque se sincronizan en un estado de relax y felicidad.

Luego por la mañana me levantaria, desayunaria y a la cama de nuevo.

Mucho mejor que el sexo.

Y pollo frito, no olvides el pollo frito.
 
La noche se degusta de manera diferente conforme pasas etapas de la vida.
Dile a tu yo de 18-20 años, en plenitud y más cachondo que un mono hormonao que no salga, que reprima sus ansias de pertenecer al grupo, a mostrarse que también es guay, a esa vana esperanza de encontrar a la mujer de su peli Disney o al menos, un chocho decente en un envoltorio pasable.

Nos ha jodío mayo con arrepentirse a toro pasado.
Yo salí muchi durante la universidad y puede que hasta dos, tres años después.
Si bien es cierto que pase noches cojonudas, bien sea porque pasa algo, estás con alguien o que sé yo, se alinean los planetas, esas noches debían llegar a no más del 8% del total.
Hace falta años y madurez para irse dando cuenta de lo gilipollas que es uno. repitiendo esquemas periódicamente, que no hacen muchas veces más que joderte el cuerpo y el dinero, aparte de una pérdida de tiempo y energías considerable.
Lo malo es que algunos nunca se darán cuenta de eso, o no querrán darse cuenta. Y luego vienen los lloros y que he hecho con mi vida.

Juventud, divino tesoro...
 
Dile a tu yo de 18-20 años, en plenitud y más cachondo que un mono hormonao que no salga, que reprima sus ansias de pertenecer al grupo, a mostrarse que también es guay, a esa vana esperanza de encontrar a la mujer de su peli Disney o al menos, un chocho decente en un envoltorio pasable.

Nos ha jodío mayo con arrepentirse a toro pasado.
Yo salí muchi durante la universidad y puede que hasta dos, tres años después.


Eso explica muchas cosas.
 
La noche se degusta de manera diferente conforme pasas etapas de la vida.
Dile a tu yo de 18-20 años, en plenitud y más cachondo que un mono hormonao que no salga, que reprima sus ansias de pertenecer al grupo, a mostrarse que también es guay, a esa vana esperanza de encontrar a la mujer de su peli Disney o al menos, un chocho decente en un envoltorio pasable.

Nos ha jodío mayo con arrepentirse a toro pasado.
Yo salí muchi durante la universidad y puede que hasta dos, tres años después.
Si bien es cierto que pase noches cojonudas, bien sea porque pasa algo, estás con alguien o que sé yo, se alinean los planetas, esas noches debían llegar a no más del 8% del total.
Hace falta años y madurez para irse dando cuenta de lo gilipollas que es uno. repitiendo esquemas periódicamente, que no hacen muchas veces más que joderte el cuerpo y el dinero, aparte de una pérdida de tiempo y energías considerable.
Lo malo es que algunos nunca se darán cuenta de eso, o no querrán darse cuenta. Y luego vienen los lloros y que he hecho con mi vida.

Juventud, divino tesoro...
No podría decirlo mejor.















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Última edición:
A ver si viene pronto spizo y cuenta algo de la noche donde aparezca una raya de coca por alguna parte de la historia.
 
La noche se degusta de manera diferente conforme pasas etapas de la vida.
Dile a tu yo de 18-20 años, en plenitud y más cachondo que un mono hormonao que no salga, que reprima sus ansias de pertenecer al grupo, a mostrarse que también es guay, a esa vana esperanza de encontrar a la mujer de su peli Disney o al menos, un chocho decente en un envoltorio pasable.

Nos ha jodío mayo con arrepentirse a toro pasado.
Yo salí muchi durante la universidad y puede que hasta dos, tres años después.
Si bien es cierto que pase noches cojonudas, bien sea porque pasa algo, estás con alguien o que sé yo, se alinean los planetas, esas noches debían llegar a no más del 8% del total.
Hace falta años y madurez para irse dando cuenta de lo gilipollas que es uno. repitiendo esquemas periódicamente, que no hacen muchas veces más que joderte el cuerpo y el dinero, aparte de una pérdida de tiempo y energías considerable.
Lo malo es que algunos nunca se darán cuenta de eso, o no querrán darse cuenta. Y luego vienen los lloros y que he hecho con mi vida.

Juventud, divino tesoro...


Meh, yo le tenia gusto a salir por ahi a mamarme, hasta que empece a vivir solo a los 21.

A partir de entonces, empece a decirles a mis amigos que vinieran a mi casa los fines de semana antes de salir, a tomarnos las primeras aqui, que no fueran garrafa y ya mamaos nos ibamos por ahi, pero me dejaban unos percales en casa para flipar, una vez me encontre un mordisco en una pata de jamon.

Tenia una diana en el salon, una tele de 40" y la play con el proevolution soccer echando humo los dos dias del fin de semana, un grifo de cerveza de los que llevan un barril de 5 litros de franciskaner...


y empece a quedarme en casita a beber yo solo sin injerencias a partir de que empezaron a hacer planes para ponerme un futbolin, que ya me parecia un canteo.

ahora me doy cuenta de lo banal de ir a hacer el paripe por ahi.
 
Entre todos los miserables desperdicios de tiempo, dinero, calidad de vida y paciencia que un adulto normal atraviesa a lo largo de su vida, las noches de copas ocupan en mi caso un lugar especialmente doloroso. Más que la mili, el insomnio por enfermedad, la conversación de las mujeres, la compañía de plastas monotemáticos, el empolle compulsivo de asignaturas inútiles, las tardes de domingo y el fútbol. Una lesión de oído con un acúfeno deformante que me hacía muy difícil soportar determinados volumenes de música fue la última gota de un vaso rebosante al principio de la cuarentena, cuando la desinhibición alcohólica que me permitió durante bastante tiempo abordar mujeres con éxito empezaba a perder eficacia y las frustraciones empezaban a acumularse a unos niveles peligrosos para mi ego y equilibrio interior.

No sé cual de las fases recuerdo con más repugnancia: la inicial universitaria, la de salir a beber por beber, hasta caer redondo, con una especie de gregarismo automático en el que la bebida era el fin, y no el medio. La siguiente, más tranquila, de ridículo aguantacubatas, acompañado por un ex-amigo que consideraba que intentar algo con una mujer era rebajarse, y que cuando veía que me empezaba a divertir siempre encontraba una excusa para cortarme el rollo. La tercera, de cazador nocturno con cierto éxito, debería traerla a la memoría con más cariño. Y, sin embargo, solo recuerdo positivamente las emociones de la caza, la incertidumbre del momento en el que todo se decidía, cuando retenías su mano un par de segundos y sabías que si no la retiraba la comida estaba ya en el buche. Por lo demás, fue cuando me convertí en profundo misógino, al comprobar lo parecidas que son todas: las mismas conversaciones, mezquindades, prejuicios a cambio de un polvo casi siempre mediocre. La última fase, el devenir de predador a carroñero, de águila real a alimoche, mejor ni nombrala siquiera.

Hago un cálculo del dinero malgastado en esa mierda y me pongo enfermo. Pienso en mi salud, en los efectos hepáticos del garrafonazo de turno, la música destrozando células laberínticas, el humo anterior a la ley antitabaco haciendo cosquillas mutantes a los genes de los pulmones, en alguna ETS que habrá pasado rozando la cepa del poste (o no), las mañanas desperdiciadas en duermevela, las tardes de resacón, la cuenta atrás para la siguiente salida, y no puedo evitar sentirme como un idiota autodestructivo.

Ahora, como mucho, salgo dos noches al año, después de una cena con los amigos, y nunca me quedo después de la segunda copa. A veces veo residuos de mi etapa anterior, algún patético cincuentón o incluso sesentón, con sus mejores galas, solitario y grotesco, aguantando la copa con mirada ansiosa a la espera de un imposible que no llegó ni llegará jamás. Y en el momento de marcharme a casa y dedicarles la última mirada de desprecio, siento un momento hygge total, el del presidiario que coge su petate al lado del que se queda condenado a cadena perpetua, el del esclavo manumitido que silba camino a la salida de la plantación mientras los demás recogen algodón, el del naúfrago al que izan a bordo en el último segundo, mientras un coro de voces angustiadas es arrastrado por las olas.
 
Última edición:
Hablando de cervezas, @Benito, me pongo en modo abuelo, diciendo que no entiendo a los jóvenes belgas. Tienen unas cervezas cojonudas y que sirven para mamarse bien mamao y se van a la jupiler, que es la cruzcampo de estos lares. Jodo, es mal invertir el dinero, cagoento.
Cuando uno se da cuenta del gustillo de una buena cerveza-cubata-cocktail-loquetesalgadelmiembro, con la posibilidad de tomarla ya sea en tu casa escuchando la música que gustas, ya sea poniéndote palote viendo a la graciela de estudio estadio, esa es la noche rica.
Y si además se te junta compañía femenina para ayudarte a vaciar las cañerías, ya es la crème.
Este último punto, el de los. chochos, llega a ser prescindible
Cuando eres capaz de disfrutar de la tranquilidad y el intimismo de la noche, de manera individual, de la manera que te salga de los cojones, ahi pasa por delante de tus ojos los miles de leuros, subnormales y zorras calientapollas a las que posiblemente dedicaste buena parte de tu tiempo, tiempo que no volverá.

Pero de nuevo, a toro pasado...

Ahora en general, sobre todo si. he tenido un día verdaderamente agitado, disfruto del silencio de la. noche con un chupito, una cerveza o un copazo. Tras el momento místico, si apetece me hago una manola o directamente marcho a dormir mas agusto que un arbusto, con mejor cuerpo y tranquilidad, aparte de unos leuros más que podrían invertirse en un buen strap-on para ir al gym (donde voy a ver pollas) por ejemplo.

Dicho lo cualo, caballeros, procedo a dormir la mona, que mañana madruga.

Buenas noches tengan todos.
 
Entre todos los miserables desperdicios de tiempo, dinero, calidad de vida y paciencia que un adulto normal atraviesa a lo largo de su vida, las noches de copas ocupan en mi caso un lugar especialmente doloroso. Más que la mili, el insomnio por enfermedad, la conversación de las mujeres, la compañía de plastas monotemáticos, el empolle compulsivo de asignaturas inútiles, las tardes de domingo y el fútbol. Una lesión de oído con un acúfeno deformante que me hacía muy difícil soportar determinados volumenes de música fue la última gota de un vaso rebosante al principio de la cuarentena, cuando la desinhibición alcohólica que me permitió durante bastante tiempo abordar mujeres con éxito empezaba a perder eficacia y las frustraciones empezaban a acumularse a unos niveles peligrosos para mi ego y equilibrio interior.

No sé cual de las fases recuerdo con más repugnancia: la inicial universitaria, la de salir a beber por beber, hasta caer redondo, con una especie de gregarismo automático en el que la bebida era el fin, y no el medio. La siguiente, más tranquila, de ridículo aguantacubatas, acompañado por un ex-amigo que consideraba que intentar algo con una mujer era rebajarse, y que cuando veía que me empezaba a divertir siempre encontraba una excusa para cortarme el rollo. La tercera, de cazador nocturno con cierto éxito, debería traerla a la memoría con más cariño. Y, sin embargo, solo recuerdo positivamente las emociones de la caza, la incertidumbre del momento en el que todo se decidía, cuando retenías su mano un par de segundos y sabías que si no la retiraba la comida estaba ya en el buche. Por lo demás, fue cuando me convertí en profundo misógino, al comprobar lo parecidas que son todas: las mismas conversaciones, mezquindades, prejuicios a cambio de un polvo casi siempre mediocre. La última fase, el devenir de predador a carroñero, de águila real a alimoche, mejor ni nombrala siquiera.

Hago un cálculo del dinero malgastado en esa mierda y me pongo enfermo. Pienso en mi salud, en los efectos hepáticos del garrafonazo de turno, la música destrozando células laberínticas, el humo anterior a la ley antitabaco haciendo cosquillas mutantes a los genes de los pulmones, en alguna ETS que habrá pasado rozando la cepa del poste (o no), las mañanas desperdiciadas en duermevela, las tardes de resacón, la cuenta atrás para la siguiente salida, y no puedo evitar sentirme como un idiota autodestructivo.

Ahora, como mucho, salgo dos noches al año, después de una cena con los amigos, y nunca me quedo después de la segunda copa. A veces veo residuos de mi etapa anterior, algún patético cincuentón o incluso sesentón, con sus mejores galas, solitario y grotesco, aguantando la copa con mirada ansiosa a la espera de un imposible que no llegó ni llegará jamás. Y en el momento de marcharme a casa y dedicarles la última mirada de desprecio, siento un momento hygge total, el del presidiario que coge su petate al lado del que se queda condenado a cadena perpetua, el del esclavo manumitido que silba camino a la salida de la plantación mientras los demás recogen algodón, el del naúfrago al que izan a bordo en el último segundo, mientras un coro de voces angustiadas es arrastrado por las olas.

A mi me trae por la calle de la amargura quedar con mis colegas a dia de hoy.

Que si donde hacer la cena de navidad o a donde vamos a supuestamente mamarnos, y te aparecen con la mujer y los chiquillos.

Que despues de cenar y estar oyendo a las parientas contar el puto infierno que es eso, catalogandolo, eso si, de "experiencia inigualable", cuando antes de acabarse la gente el primer gintonic estas tu con tu brugal cola que practicamente te lo bebes a caraperro y cuando dices que te vas a casa, se te agarran en plan "pero tomate otra hombre benito", mientras un crio llora, el otro esta por el bar dando por culo y al otro le estan cambiando el pañal en una mesa de al lado que estaba vacia, "quedate, no me dejes aqui con mi mierda de vida" ahi en plan "DEMENTOR".
 
Última edición:
Por la noche también se trabaja eh. Que solo habláis de fiesta
 
Que despues de cenar y estar oyendo a las parientas contar el puto infierno que es eso, catalogandolo, eso si, de "experiencia inigualable",

Lo que concluyen siempre con la misma falacia:

"NO, PERO TE DAN MUCHAS ALEGRÍAS"

:face::face::face:
 
Yo es que qué queréis que os diga. A mí la noche me gusta. Me gusta la noche en casa y me gusta la noche fuera de ella. A mí lo que me jode es madrugar o tener que ir a la cama porque al día siguiente me tengo que levantar temprano. En casa, de noche, experimento un sosiego infinito, una calma de cuerpo y espíritu a la que, desde que la descubrí, nunca he renunciado. Desde la adolescencia he sido una de esas personas que viven más despiertas de noche que de día. De esas que tardan tres meses en acostumbrarse un horario de levantarse a las ocho de la mañana pero sólo tres días en coger uno en el que te acuestas a las seis. Cuando todo cierra, cuando todo se calla, cuando todos están en la cama, yo leo, pienso, escribo, escucho música, invento mierdas, aprendo, juego y me entretengo sin mesura. A veces me dan las siete de la mañana en mi despacho o en el salón viendo pelis y me joden los rayos del sol, porque me recuerdan que debo ir a la cama.

Con respecto a salir, nunca he salido como decís que lo hacéis vosotros. De joven, entre los dieciséis y los veintipocos, ni yo ni mis amigos salíamos de farra ni de fiesta, pero sí de noche. Así, muchas veces se nos podía encontrar cenando a las tres en un restaurante que conocíamos que cerraba a las cuatro de la mañana, e incluso alguna vez llegando a ese mismo sitio a cenar para encontrarnos con que era tarde ya; se nos podía también encontrar paseando por la calle en animada charla hasta las cinco, o, ya más crecidos, en casa de alguno, disfrutando de la conversación, filosofando, arreglando el mundo, y, quizá también, llorando un poco porque follábamos menos que los Roper. Luego, en los tiempos de la universidad, empecé a salir los jueves con unos colegas de copas, sin intención lúbrica alguna, hasta las tantas, para admiración de mis compañeros de clase, porque en aquellos años sólo los muy crápulas, el lumpen y la chusma más infecta salían los jueves, nunca la gente normal, que lo hacía el fin de semana. El fin de semana, mientras todos salían y hacían lo que decís por aquí, yo trabajaba, hasta las tantas también, así que nunca tuve esa época a los veintipocos años de salir a muerte. Y, más tarde, ya empecé a salir de noche en plan normal, pero con la novia que me eché por aquel entonces, por lo que lo hacía también por estar con ella y sin las urgencias del sexo. Más tarde, empecé a salir solo, y me encanta, y aún lo hago cuando puedo. Nunca he vivido las noches de ponerme borracho como una cuba, porque las pocas veces que en mi primera juventud se me fue la mano con las copas me quedó claro que no era eso lo mío, que me sentía mal, así que aprendí pronto a beber para disfrutar de un trago y no para volverme a casa bailando la yenka. Jamás he tocado la droga, por lo que tampoco por ahí me suena nada de lo que decís. Tampoco sé qué es una mañana de resaca ni un domingo a base de aspirinas para ver si se me pasa.

Disfruto, cuando salgo solo, del espectáculo que es ver a quienes sí salen así, sin formar parte de ellos. Disfruto, cuando salgo solo, del espectáculo de las masas aborregadas a las que decís haber pertenecido, sin haberlo hecho yo nunca. Disfruto, o más bien disfrutaba, de los ocasionales encuentros no buscados aunque sí aceptados y deseados que muchas noches tuve con muchas chicas. No me tomo más de tres copas en una noche desde hace más de diez años, y cada viernes y cada sábado yo salgo, solo o acompañado, a tomar algo, a relajarme en un bar como lo hago en mi casa, a zambullirme en mis pensamientos acodado en una barra mientras miro veo a la gente y a disfrutar de la música, porque desde luego eso de ir a garitos de mierda donde ponen lo que suena en Los 40 o similares sí que no sé qué coño es ni quiero saberlo.

La noche, bien vivida, bien entendida, es pura fuente de placer. Es el día, los quehaceres, los trabajos, la miserable e insoportable cotidianeidad, lo que es jodido de aguantar.
 
No salíais de noche porque no teníais con quien, cabrones.
 
La noche, bien vivida, bien entendida, es pura fuente de placer. Es el día, los quehaceres, los trabajos, la miserable e insoportable cotidianeidad, lo que es jodido de aguantar.

pos eso, foro, unas mahou y riskettos.
 
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