WEO
Clásico
- Registro
- 1 Oct 2003
- Mensajes
- 4.669
- Reacciones
- 1
Les voy a contar una historia, un suceso real, de esta misma mañana. Quizá no interese a nadie y no genere demasiadas respuestas (no las espero) pero por considerarlo excepcional casi me veo en la obligación de postearlo, no todo van a ser las tonterías con las que tan a menudo castigo este foro.
A estas alturas a nadie le extrañará que un servidor es gran aficionado a la música mal llamada "clásica", tan solo hay que ver mi avatar, mi querido Händel, si bien no es la única que escucho. No es la única, pero sí la que más me llena, la que es capaz de hacerme reir, llorar, sentir odio, ternura y también piedad. Música trabajada. No soy precisamente un tipo de agradable trato, quizá pedante, desconfiado,..., muchos de aquí lo habréis comprobado, pero no soy malo, no soy mala persona. El problema estriba en lo difícil que se me hace extraer de mí ese lado bueno, terriblemente difícil. La música hace brotar de mí lo poco bueno que pueda tener y aquí está la prueba.
Pues bien, y a lo que iba, resulta que esta tarde, tras la jornada laboral, me dirigía a casa en mi coche, cómo no, escuchando música clásica. Me detengo en un semáforo e instantáneamente un sujeto joven, de unos 25 años, ataviado de ropa harapienta e indicios de no tener acceso a la más elemental higiene diaria, se lanza como un rayo a limpiarme el parabrisas, sin preguntar ni nada, con una frescura increible. Me gusta conducir con la música a un volumen importante, eso sí, con las ventanillas cerradas, para no molestar. Bajo el cristal de la ventanilla con la intención de afear su acción, pues mis lunas se hallaban en impecable estado, cuando el sujeto me mira fíjamente a los ojos, esboza una ligera sonrisa y me dice no sin cierta timidez: "La 8ª de Bruckner. Qué grande Bruckner." El semáforo va a cambiar a verde, pronto comenzarán a escucharse los pitidos de los de detrás y apenas sí ha conseguido terminar su trabajo. No subo el cristal, quizá esos segundos sean lo más agradable que le depare el día. No llevo suelto, extraigo el cd, lo introduzco en su caja junto con su compañero (pues es doble, posiblemente la mejor versión de la obra y además carísimo), se lo entrego y le digo: " Quédatelo, pues lo mereces más que yo y si tienes donde escucharlo alejarás tu sufrimiento durante unos minutos" Semáforo en verde, piso el acelerador y puedo verlo por el retrovisor, con el cd en la mano, observando como me alejo.
Sí, la octava sinfonía de A. Bruckner (1824-1896), austríaco, que junto con Beethoven, Brahms y Mahler, es uno de los mejores sinfonistas de la historia (lo estudiarán en la ESO?). Tremendamente religioso, creo que murió virgen, tanto era el pavor que tenía a las mujeres, más bien tremenda timidez y, sobre todo, amor a Dios. Se dice que, por ejemplo, Mahler buscaba a Dios en sus sinfonías mientras que Bruckner ya lo había encontrado y eso se percibe en su obra, por otra parte cuantitativamente escasa (9 sinfonías y poco más) Y así es, sus sinfonías (larguísimas) son, y recurro al tópico, verdaderas catedrales sonoras, de elaborado contrapunto y cimentadas a base de temas graníticos que se van desarrollando lentamente hasta llegar a sus climax característicos, constituyendo todo un universo donde, una vez introducido en el mismo, no puedes salir, y llegas directamente a la divinidad o a aquello que todo lo mueve. Los aproximadamente 35 minutos que dura el 3º movimiento de la 8º, lo que venía escuchando en el semáforo, son una experiencia inolvidable, a mi juicio lo mejor que se haya escrito nunca en música. No recomendable, lo digo por experiencia, si acaba de fallecer un ser querido porque literalmente te destroza el corazón, pero muy apropiada si te estás fumando un porrito. Siempre consigue, en su serenidad, hacer brotar mis lágrimas de, no sé, emoción, impotencia, también resignación y, sobre todo, piedad. Lo cual, unido al encuentro con este hombre, me ha hecho sentir miserable.
En una sociedad como la nuestra, donde reina lo banal, lo fácil, un mendigo en unos segundos reconoce una obra complicadísima...
Soléis sentir piedad?
Siento el rollo, pero necesitaba contarlo y además voy semi-tajado.
Se lo dedico a PA, siempre con el máximo de los respetos.
A estas alturas a nadie le extrañará que un servidor es gran aficionado a la música mal llamada "clásica", tan solo hay que ver mi avatar, mi querido Händel, si bien no es la única que escucho. No es la única, pero sí la que más me llena, la que es capaz de hacerme reir, llorar, sentir odio, ternura y también piedad. Música trabajada. No soy precisamente un tipo de agradable trato, quizá pedante, desconfiado,..., muchos de aquí lo habréis comprobado, pero no soy malo, no soy mala persona. El problema estriba en lo difícil que se me hace extraer de mí ese lado bueno, terriblemente difícil. La música hace brotar de mí lo poco bueno que pueda tener y aquí está la prueba.
Pues bien, y a lo que iba, resulta que esta tarde, tras la jornada laboral, me dirigía a casa en mi coche, cómo no, escuchando música clásica. Me detengo en un semáforo e instantáneamente un sujeto joven, de unos 25 años, ataviado de ropa harapienta e indicios de no tener acceso a la más elemental higiene diaria, se lanza como un rayo a limpiarme el parabrisas, sin preguntar ni nada, con una frescura increible. Me gusta conducir con la música a un volumen importante, eso sí, con las ventanillas cerradas, para no molestar. Bajo el cristal de la ventanilla con la intención de afear su acción, pues mis lunas se hallaban en impecable estado, cuando el sujeto me mira fíjamente a los ojos, esboza una ligera sonrisa y me dice no sin cierta timidez: "La 8ª de Bruckner. Qué grande Bruckner." El semáforo va a cambiar a verde, pronto comenzarán a escucharse los pitidos de los de detrás y apenas sí ha conseguido terminar su trabajo. No subo el cristal, quizá esos segundos sean lo más agradable que le depare el día. No llevo suelto, extraigo el cd, lo introduzco en su caja junto con su compañero (pues es doble, posiblemente la mejor versión de la obra y además carísimo), se lo entrego y le digo: " Quédatelo, pues lo mereces más que yo y si tienes donde escucharlo alejarás tu sufrimiento durante unos minutos" Semáforo en verde, piso el acelerador y puedo verlo por el retrovisor, con el cd en la mano, observando como me alejo.
Sí, la octava sinfonía de A. Bruckner (1824-1896), austríaco, que junto con Beethoven, Brahms y Mahler, es uno de los mejores sinfonistas de la historia (lo estudiarán en la ESO?). Tremendamente religioso, creo que murió virgen, tanto era el pavor que tenía a las mujeres, más bien tremenda timidez y, sobre todo, amor a Dios. Se dice que, por ejemplo, Mahler buscaba a Dios en sus sinfonías mientras que Bruckner ya lo había encontrado y eso se percibe en su obra, por otra parte cuantitativamente escasa (9 sinfonías y poco más) Y así es, sus sinfonías (larguísimas) son, y recurro al tópico, verdaderas catedrales sonoras, de elaborado contrapunto y cimentadas a base de temas graníticos que se van desarrollando lentamente hasta llegar a sus climax característicos, constituyendo todo un universo donde, una vez introducido en el mismo, no puedes salir, y llegas directamente a la divinidad o a aquello que todo lo mueve. Los aproximadamente 35 minutos que dura el 3º movimiento de la 8º, lo que venía escuchando en el semáforo, son una experiencia inolvidable, a mi juicio lo mejor que se haya escrito nunca en música. No recomendable, lo digo por experiencia, si acaba de fallecer un ser querido porque literalmente te destroza el corazón, pero muy apropiada si te estás fumando un porrito. Siempre consigue, en su serenidad, hacer brotar mis lágrimas de, no sé, emoción, impotencia, también resignación y, sobre todo, piedad. Lo cual, unido al encuentro con este hombre, me ha hecho sentir miserable.
En una sociedad como la nuestra, donde reina lo banal, lo fácil, un mendigo en unos segundos reconoce una obra complicadísima...
Soléis sentir piedad?
Siento el rollo, pero necesitaba contarlo y además voy semi-tajado.
Se lo dedico a PA, siempre con el máximo de los respetos.