Juvenal
Clásico
- Registro
- 23 Ago 2004
- Mensajes
- 3.253
- Reacciones
- 5
Tres citas
Llega para quedarse y se marcha al instante. Escondida en la memoria, como vino se fue. Se desvanece y es olvidada. Y entonces, cuando menos lo esperas, surge otra vez. Aparece, te sorprende. Un fugaz recuerdo te borró, y en este momento regresa. Apenas un tenue hilo lo separa, al que hay que aferrarse con la fe del carbonero o del niño.
Te vence en todas las manos ese monstruo de ojos verdes al que cantó el bardo. Tienes buenas cartas, todas marcadas; el miedo a esos ojos hace que no apuestes. Y pierdes, dándote por vencido sin jugar. Es azogue, es carcoma, es acíbar en la boca, es vitriolo que corre por tus venas. Miras al espejo y el reflejo te devuelve la mirada. Y vuelves a escupir fuego.
Un as no quisiera tener en la palma, preferiría el tallo de una rosa y apretar el puño sangriento, lacerado por las espinas.
Los tiempos cambian, ¿y nosotros?
Paseo de nuevo por el barrio donde transcurrió mi niñez. Ya es historia el pinar de las tardes de domingo, allí pisos de diseño se yerguen frente a los bloques del Desarrollismo. En el cauce de la riera ya sólo corre el asfalto, coquetas casas para gente que maneja viruta se han adueñado de todo. Es la hora de los enanos de jardín y las piscinas. Las afueras ya están dentro.
No existe el Bar Manchego, ahora en sus cristaleras se anuncia un Döner Kebap. Es el signo de los tiempos.
Calorros contra BoBos. Y yo observo en tierra de nadie.
No seas idiota y no le busques significado a lo confuso, ni le pidas lógica a un sueño, no aquí, no en este mundo.
Sébastien Japrisot rebuznó:... y a su paso, algunas veces, una voz se elevaba, una voz tranquila, nunca la misma, una voz neutra que decía cuidado con el hilo.
Llega para quedarse y se marcha al instante. Escondida en la memoria, como vino se fue. Se desvanece y es olvidada. Y entonces, cuando menos lo esperas, surge otra vez. Aparece, te sorprende. Un fugaz recuerdo te borró, y en este momento regresa. Apenas un tenue hilo lo separa, al que hay que aferrarse con la fe del carbonero o del niño.
Te vence en todas las manos ese monstruo de ojos verdes al que cantó el bardo. Tienes buenas cartas, todas marcadas; el miedo a esos ojos hace que no apuestes. Y pierdes, dándote por vencido sin jugar. Es azogue, es carcoma, es acíbar en la boca, es vitriolo que corre por tus venas. Miras al espejo y el reflejo te devuelve la mirada. Y vuelves a escupir fuego.
Un as no quisiera tener en la palma, preferiría el tallo de una rosa y apretar el puño sangriento, lacerado por las espinas.
Franz Kafka rebuznó:Escribo diferente de lo que hablo, hablo diferente de lo que pienso y así sucesivamente hasta la más profunda oscuridad.
Los tiempos cambian, ¿y nosotros?
Paseo de nuevo por el barrio donde transcurrió mi niñez. Ya es historia el pinar de las tardes de domingo, allí pisos de diseño se yerguen frente a los bloques del Desarrollismo. En el cauce de la riera ya sólo corre el asfalto, coquetas casas para gente que maneja viruta se han adueñado de todo. Es la hora de los enanos de jardín y las piscinas. Las afueras ya están dentro.
No existe el Bar Manchego, ahora en sus cristaleras se anuncia un Döner Kebap. Es el signo de los tiempos.
Calorros contra BoBos. Y yo observo en tierra de nadie.
No seas idiota y no le busques significado a lo confuso, ni le pidas lógica a un sueño, no aquí, no en este mundo.

Baneado