Estas dos guarras no engañan a nadie. A nadie que no se quiera dejar engañar, clarostá. Si os creéis que son dos tiernas, virginales, púdicas y hogareñas muchachas hacendosas interesadas en la costura, la cocina, hacerle tartas a su futuro hombre y traerle cervezas mientras él se mece en el porche de su rancho estáis equivocados.
Una mujer así nunca llevaría ni el corte de pelo de peluquería moderna ni el depilado de cejas de la morena. Porque los vestidos lo tapan, pero estas seguro que tienen tatuajes en el hombro y llevan el toto depilado al láser.
Es todo un puto disfraz, una trampa.