b. gillespie
Asiduo
- Registro
- 25 Nov 2004
- Mensajes
- 826
- Reacciones
- 0
Ayer, a media mañana, en la media hora de descanso que por convenio se nos da de descanso en el trabajo, tomaba mi café sólo aderezado con sólo una cucharada de azúcar. Para beberlo me fui al banco que hay en jardín, ese banco cercano al muro trasero del recinto. Recordaba abstraído y con una ligera sonrisa en la cara, el sexo de la noche pasada, sus pechos de tamaño ideal, la firmeza de éstos y, como no, sus pezones, pequeños y delicados. Recordaba e incluso podía sentir el tacto de sus pezones en mi lengua a la vez que ella se agitaba desesperada sobre mi sexo una y otra vez. Tal imagen en mi cabeza y, por ende, mi gran erección, se vio alterada, cuando al mirar al suelo, justo al lado de la pared, pude advertir a un ejército de hormigas que deambulaban de un sitio a otro como movidas por una fuerza caótica y aleatoria, tropezando constantemente unas con otras, lo cual les hacía perder el sentido de la orientación y volver contracorriente. ¿Qué buscaban esas perdidas hormigas? ¿Comida quizá? ¿Suicidarse para aliviar la tristeza de una vida tan insignificante? ¿Buscaban la felicidad y la desesperación por no encontrarlas les había causado ese estado de caótica agitación?. Estas preguntas me sobresaltaron y generaron en mi tal ansiedad que no pude concentrarme en el trabajo el resto del día.
Más tarde, al salir del trabajo, salí a la calle para volver a casa. Andaba cabizbajo intentando encontrar una explicación, visualizando en mi cabeza una y otra vez aquel ejército desorganizado de hormigas. Un estruendo me sobresaltó y, por acto reflejo, levante la cabeza y allí estaban, cientos (o quizá miles) de desconocidos que andaban de un sitio para otro de forma desorganizada, sin mirar a quien llevaban delante de ellos. Ningún cruce de miradas, ni una sonrisa. ¿Qué buscaba toda esa deshumanizada gente? ¿A dónde iban? ¿Buscaban la felicidad? Deambulan buscando algo que saben, aunque lo intententen negar, que nunca encontrarán. No somos más que insignificantes hormigas.
Más tarde, al salir del trabajo, salí a la calle para volver a casa. Andaba cabizbajo intentando encontrar una explicación, visualizando en mi cabeza una y otra vez aquel ejército desorganizado de hormigas. Un estruendo me sobresaltó y, por acto reflejo, levante la cabeza y allí estaban, cientos (o quizá miles) de desconocidos que andaban de un sitio para otro de forma desorganizada, sin mirar a quien llevaban delante de ellos. Ningún cruce de miradas, ni una sonrisa. ¿Qué buscaba toda esa deshumanizada gente? ¿A dónde iban? ¿Buscaban la felicidad? Deambulan buscando algo que saben, aunque lo intententen negar, que nunca encontrarán. No somos más que insignificantes hormigas.