No lo creo.
Ya digo que me he ido borrando de compromisos y puñetas poco a poco, además en mi familia somos un poco
despegaos. Seguramente con la llegada del niño lo llevaré todo peor. No creo que pueda asimilar las opiniones tipo: pues en mi época esto se hacía así o asá, yo creo que se queda con hambre, no lo cojas tanto en brazos que se malacostumbra, etc. Me enerva especialmente cuando se cuñadea o se opina de todo, es que son tan temerarios que incluso te pretenden corregir cosas de tu propia profesión porque lo han oído a Ramoncín en tv. La familia suele tener una tendencia hacia la imprudencia verbal bastante importante.
Con el divorcio de mis padres y otras cuestiones que ya he relatado anteriormente, se me brindó la oportunidad de ir retirando a gente innecesaria en mi vida y así lo he hecho, porque siempre hay egocéntricos que quieren echarte encima todos sus problemas y te EXIGEN que te impliques, aunque luego hagan lo que les salga de los cojones.
¿Que me he hecho más fría que el témpano? PUES SÍ. La familia somos los que vivimos en casa, próximamente 2 adultos, un niño y dos gatos. Punto.
Reglas de oro:
1.- No opinar si no se te pide la opinión.
2.- No salpicar a los demás con tus problemas ni creerte que tus cosas importan a todo el mundo.
3.- No pedir ayuda para luego hacer lo que te salga de los cojones.
4.- No ser el listillo/graciosete/cuñado que en todas las comidas familiares tiene que ser el putísimo protagonista.
5.- No exigir nada salvo el cumplimiento de estas reglas.
Y con estas reglas BÁSICAS de convivencia, podemos construir un mundo mejor
Y OJO, edito para añadir un fenómeno que viene ocurriendo desde los albores de la humanidad: la toxicidad pasivo-agresiva. O cómo ser un deslenguado, metomentodo haciendo preguntas al aire, o comentarios que luego se justifican diciendo: ''no te pongas así, mujer, que lo he dicho por decir''.