Cuando vivía con mis padres tuvimos una señora de la limpieza española, de unos sesenta años, y era muy buena. Yo le tenía mucho cariño. La echaron porque descubrieron que "robaba". Limpiaba en casa de dos amigas de mi madre y una la sorprendió, entonces la echaron las tres. Qué llorera me cogí, qué penita, ni blackadder con su marroquí... Es que el robobo en cuestión te encogía el corazón. Iba siempre con una bolsa de la compra y resulta que lo que llevaba dentro no era compra, eran cosas de las casas. Se llevaba vinos, una jarrita de plata, lo que pillara, y lo que me partió el corazón es que llevaba botellitas vacías y las llenaba de aceite, de azúcar... Pobrecita.