Juvenal
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- 23 Ago 2004
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Si he llegado a convertirme en algo lo ignoro, y aunque lo supiera, no lo iría diciendo en un foro.
Sólo alguien inseguro de sí mismo o temeroso de que su fuerza descanse sobre pies de barro necesita mostrar constantemente lo poderoso que es y eso es el primer punto de partida para convertirse en un déspota. Sin duda es más grande aquel que, consciente del poder que tiene, se muestra compasivo y clemente con los débiles. O que rechaza pelear, a costa de tal vez ser tildado de cobarde, porque se sabe superior al rival y no quiere causar males irreparables.
Lo fácil es llegar a Nerón, a Marco Aurelio ya cuesta un poco más. Lo triste es un Domiciano que se considera Antonio Pío. Nadie se atreverá a decírselo a la cara, claro, por temor al verdugo. Sólo el tiempo pondrá a cada uno en su sitio y la Historia dará a cada cual lo que le corresponde.
Por desgracia, los escarmentados sólo lo son a toro pasado y nadie ve las cosas hasta que éstas han ocurrido.
Más que odiarse, uno tendría que ser consigo el juez más severo. Hay un riesgo entonces: quien es cruel consigo mismo, no tendrá muchos problemas para serlo con los demás.
Supongo que más que el abuso en sí mismo, lo que me indigna es que se haga por mero capricho o sin que haya normas que lo amparen.
Si hay un procedimiento estándar que lo regule, les mando a todos uds. a Treblinka o a Kamchatka sin pestañear.
Aunque conociéndome seguro que le buscaría las pegas al reglamento. Todo sea con tal de no convertirse en un fanático que diga sí a todo sin cuestionar nada. Eso sí que da miedo.
Sólo alguien inseguro de sí mismo o temeroso de que su fuerza descanse sobre pies de barro necesita mostrar constantemente lo poderoso que es y eso es el primer punto de partida para convertirse en un déspota. Sin duda es más grande aquel que, consciente del poder que tiene, se muestra compasivo y clemente con los débiles. O que rechaza pelear, a costa de tal vez ser tildado de cobarde, porque se sabe superior al rival y no quiere causar males irreparables.
Lo fácil es llegar a Nerón, a Marco Aurelio ya cuesta un poco más. Lo triste es un Domiciano que se considera Antonio Pío. Nadie se atreverá a decírselo a la cara, claro, por temor al verdugo. Sólo el tiempo pondrá a cada uno en su sitio y la Historia dará a cada cual lo que le corresponde.
Por desgracia, los escarmentados sólo lo son a toro pasado y nadie ve las cosas hasta que éstas han ocurrido.
Más que odiarse, uno tendría que ser consigo el juez más severo. Hay un riesgo entonces: quien es cruel consigo mismo, no tendrá muchos problemas para serlo con los demás.
Supongo que más que el abuso en sí mismo, lo que me indigna es que se haga por mero capricho o sin que haya normas que lo amparen.
Si hay un procedimiento estándar que lo regule, les mando a todos uds. a Treblinka o a Kamchatka sin pestañear.

Aunque conociéndome seguro que le buscaría las pegas al reglamento. Todo sea con tal de no convertirse en un fanático que diga sí a todo sin cuestionar nada. Eso sí que da miedo.