De todos los casos de la historia, el que más morbo me da fue el de un carnicero alemán que vendía carne humana como si fuera de caballo, más barata claro, y dió de comer a medio Düsseldorff con ella. Mataba a sus víctimas y las despiezaba con cuidado. Lo pillaron porque encontraron cuentos de huesos en el rio. Entonces nadie reconocía haber comprado esa carne pero por lo visto las crónicas hablan de cientos de víctimas. Estás en tu casa tan pancho comiéndote una hamburguesa viendo el derbi Betis-Sevilla y resulta que en realidad te estás jincando a Olvaf Mertessën, lugareño desaparecido sin dejar rastro.