Haba seca se volvió a casar y asentó la cabeza. Hizo bien; a mí el año antes de casarme se me iba la cabeza de carallo. Qué bien me vino el matrimonio. Me lo decía siempre mi mujer: hai homes que solos convertense en cans; lo decía así en gallego como para darle mayor sabiduría, supongo. Pero no hay verdad más grande. Ves a los hombres que quedan solos cuando les fallece la mujer y madre mía, son un desastre, un desastre. Las mujeres en cambio se rehacen, están hechas de otra pasta. Sabes que en sus casas no va a haber cartones de vino abiertos en el cuarto de baño ni manchurrones negruzcos que se ríen de “The last of us” en el edredón.