En la Edad Media se encontraba un alquimista en su taller probando fórmulas para transmutar plomo en oro, lo normal de aquella época, sus cosas que tenían aquellas buenas gentes. En una de esas su taller saltó por los aires y, cuando la gente se mofó de aquello, el chumacho respondió sabiamente; "ahora sé una manera que no funciona". Pues donde pone alquimista ponme a mí y dónde pone plomo pon teen y soy yo clavado.