Todos tenemos una misión en la vida, no me cabe duda.
La mia, que descubrí no hace mucho tiempo, es censar unos pocos chinos cada mes.
Todos los últimos martes de cada mes, indefectiblemente, voy a que me echen de comer a un restaurante chino muy pulcro, con sus bambús, su nevera de La Mallorquina, su fuente y su familia incestuosa de Budas y Confucios en su altarcito alumbrado con lámparas rojas de pinzas de a un euro la pieza (p.v.p).
El restaurante tiene a una señora de edad insondable tras el mostrador y, por camareros, a dos chinos y una china de faldamenta larga y cuello Mao.
Pero los tres camareros nunca son los mismos.
Hoy me ha atendido un chino muy guapo, con los pelos negros de punta y las uñas de los dedos cuadradas y bien manicuradas. El disfraz de camarero le quedaba como un patadón en el nido de golondrinas, pero no tiene importancia.
Toda modosita le he pedido el rollo, el arroz y la carne de siempre y he añadido, con voz angelical, lo que siempre pido: "y me traes salsa de soja, por favor".
- "Salsasoja, si".
Siempre dicen "Salsasoja, si", pero tardan un montón y necesito repetirlo una media de cuatro veces.
HOY HA SIDO DISTINTO
El chino guapo me lo ha traido a la primera y me he enamorado tanto que me he sentido sucia por la zona de las bragas.
Cuando me ha traido el flan, en una copa, el postrecillo le bailaba en las manos y sé que me quería decir en su mudo lenguaje de chico chino
"cuanto me gustaría tener tu seno o pecho dentro de esta copa de cristal y que tremolara como lo hace este flan de huevo-vainillina".
Le he dejado diez céntimos de propina, hecha una desprendida de la vida y me he ido sollozando entre eructos, porque sé que la va a palmar antes del mes que viene.
"SE FELIZ ALLÁ DONDE VAYAS, CHINO GUAPO; A ESE PARAISO DE TODOS LOS CAMAREROS CHINOS MUERTOS. DESDE HOY NO SERÁS EN MI RECUERDO UN CHINO COMUN SINO EL "Amable Señor Oriental del Flan que Tiembla y las Uñas Cuadradas".
Te quiero...
Adiós...
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