El alemán, residente en Aquisgrán, al oeste del país, comenzó primero a lanzar botellas de cerveza vacías a los coches desde la ventana de su casa, sin demasiada puntería. Luego, cogió el monitor de su ordenador, bajó a la calle y lo tiró delante de un coche que pasaba. La policía tuvo que intervenir para calmarlo.