Hace unos días, en su columna
Cielo e infierno de la abundancia musical, Diego Manrique puntualizaba dos cosas que me parecen muy interesantes.
La primera de ellas es que "Los compradores parecemos una secta rara, similar a los proscritos que adoraban los libros en Fahrenheit 451".
La segunda es que "la casi total ausencia de las críticas de discos en medios generalistas, algo que, por cierto, no se aplica a otros productos de la cultura de masas como los libros y las películas".
Pero hay algo que atañe al propio periodismo musical que también me parece importante destacar: ¿Por qué la gran mayoría de periodistas (e incluso publicaciones enteras, y no miro para nadie) solo hablan de vacas sagradas? ¿Por qué el 90% de los artículos que me encuentro por ahí hablan de Dylan, McCartney, Springsteen, Waits, etc y practicamente nadie habla de la trinchera? ¿Por qué al 90% de los aficionados no les interesa descubrir nada nuevo? (Sí, ya sé que existe esa excepción con nombre en francés en la que todos estamos pensando).
¿Les gusta realmente la música o son mitómanos que coleccionan cromos?
Supongo que la música es una profesión absolutamente depauperada, que se da por hecho, que "no es necesaria" y que solo parece interesar a cuatro freaks (muy freaks) que todavía compran discos y, lo que es aún más extraño, acuden a conciertos en salas. A estos, ni sus vecinos les miran bien.