Hoy he ido pronto a intentar trabajar a mi oficinilla, que es un piso enorme con varias oficinas alquiladas cada una de su padre y de su madre, y siempre hay alguien. Pues no había ni Dios. Abro, subo las persianas y abro las ventanas que dan a una calle principal para ventilar y porque me ha molestado el silencio ese sepulcral, para que entrara el bullicio, que es un primero. Y he empezado, pero tenía inquietud, y al salir a la cocina y ese silencio, los pasillos largos, todo apagado... Me ha entrado canguelo y me he largado.
Y de esto que según recogía notaba un apremio como si me acecharan, me ha dado la paranoia.