Recuerdo este floco de hilo, pues antes de la terrorífica noche de brujas hubo una reunión colegial que me notificaron; dudé si acudir salvo por la simpatía de un antiguo compañero de clase, que hizo de arrastre defensor. Agradezco haber ido al menos a una enseñanza laica, sin ser anticlerical metódico, aunque toda escuela pública será preferible a ser timado.
Envejecer es terrible: no son las canas o la alopecia, no son las lorzas de piel pellejuda, es como deformarse la corporeidad, degenerar en tullido, sostener las fotos del anuario escolar mientras miras tu imagen actual reflejada en el espejo. Te reconoces pero no quieres reconocerte aunque sepas que eras y eres tú. No es todo herencia genética, son malos hábitos, quemarse sin darle importancia. La brecha se vuelve abismo en la misma quinta en quienes se engancharon a drogas, alcohol, tabaco, aunque peor es la tanorexia que cualquier vicio corruptor.
Ahora entiendes cómo se sentían quienes no gustaban a nadie ni en la adolescencia por alguna malformación corporal, defectos físicos, porque su familia no pagaba ortodoncia ni odontología, por no llevar ropa de moda en las marcas más caras de pijolandia, que hoy habrías pasado con tal de liarte con una dos décadas más joven. Quienes ni a partir de la universidad pudieron tomarse su revancha por haber sido marginados sociales en el instituto, se hicieron al menos moderadores en la mafia de los meneadores de noticias, foros o alguna comunidad de internet.
Pagar un colegio privado no asegura prosperidad, todo depende de la familia en que naciste, en tu círculo de compinches. Empresarios millonarios nacieron pobres, mientras antiguos alumnos de colegios elitistas, incluso con su licenciatura, se lo han montado tan mal que cobran el salario mínimo legal, algunos trastornados son parados de larga duración.
La mente empeora tanto o más que el cuerpo, quienes en la adolescencia ya eran gentuza son putísima escoria social de adultos, sin conciencia, incapaces de sentir remordimientos, emociones morales de culpa, siempre se agravan hasta el final de la vida. Las pocas buenas personas que hubo ya se cansaron de gentileza ante la impunidad, claman revancha. Identificados los subnormales no hay excusa para no conseguir venganza en un feudo de sangre de ejecución programática que ni los Terwilliker soñaron en un garaje, pero jurar es fácil: en culminar una vendetta con honor tenemos referentes difusos como Máximo Décimo Meridio, el conde de Montecristo y algunas ejecuciones extrajudiciales...
En cada rincón del patio, en la cafetería, en esas taquillas, en la cancha, en aquella columna... una anécdota retenida en la memoria.
Reminiscencia individual y colectiva, pues los compañeros conocen el pasado de cada cual, quien es quien en el colegio.
Donde estudiaste hasta la mayoría de edad ha influido para siempre en tu personalidad, aunque no tanto como la familia en la que nacimos.
No hay universidad que sea alma máter ni centro de estudios en edad adulta que ya pueda dar estímulo al cerebro, salvo quizá el CEPA a quienes llegaron rezagados desde un país subdesarrollado.
Conocer el colegio de tu interlocutor puede aportar mucha más información que cinco incursiones en un Facebook abierto.
gaceta.es
Debbie Pearson, ¡dichosos los ojos, quien te ha visto y quien te ve!
Las hormonas nada supieron de un colegio privado para la élite, cajón de sastre o jaula de grillos, como la discoteca donde se colaban las adolescentes con unos tacones y maquillaje para hacer correr el alcohol hasta arriesgarse a un coma etílico, llevadas en brazos por las amigas de parranda antes que por los sanitarios de la ambulancia del Samur que tenía la obligación de notificar a la familia de la menor.
Como verse el lunes, al siguiente día lectivo, nada ha cambiado salvo la alianza anular, unas pocas conversaciones bastan tras reconocerse: el marido no sospecha, pero todos sabemos qué clase de guarras fueron, a quienes cornearon, como el historial de infidelidades de la asturiana Tamara o algún galletero como Sartenes.
Yo sí sospecharía de la parienta si tuvo apodo entre la piara, por su promiscuidad o un rasgo físico caricaturesco por evidente, tan amplio como el escote si acaso fue tetona y tan corta la falda como en la noche estival de fin de curso, si se hizo cirugía cosmética, si se puso silicona, si se ha hecho arreglos como dicen en la farándula de las socialités que han vivido de su físico al trincar marido rico. Si en la lista de control diste en el clavo, quizá es porque el pasado de la esposa no es trigo limpio, por más que cueste aceptarlo si ya inseminaste larvitas.
¿A quién coño le importa que maquillen a qué edad y donde perdieron la virginidad?
Cada vez que paso por la plaza de Manuel Becerra, por el apartamento en marqués de Salamanca, picaderos de alta alcurnia donde pasaron una tras otra, pero me acuerdo igual de esos váteres de discoteca, como de la sórdida visión nocturna tras el muro pétreo de aquella finca, otras agarradas a una valla de un descampado, empotradas desde atrás mientras se aferraban a la corteza de un árbol en la foresta, en los asientos traseros de un picapiedramóvil o dentro de una casa en obras con los materiales de construcción de albañilería.
La inquieta nietísima dio las consignas sectarias patrióticas antes de los postulados ideológicos feminazis que necesitaban las conservadoras católicas durante la dictadura militar: las mujeres tan pobres como arribistas, en la corriente del medraje social, bebían los vientos por la libertad sexual de las clases sociales dirigentes, frente a la virginidad impuesta en las comarcas rurales: en una vida, habrá una sola persona en tu intimidad, la esposa debe haberse reservado hasta encontrar un buen marido, mujer de un único hombre, pues ellas son la nada misma, doña nadie.
- Mi vida la voy a vivir yo, es ahora o nunca. O te lías en el último curso o la oportunidad se esfumará para siempre.
Incluso con los preparativos de boda, hizo un último intento: "a éste también me lo follé".
A pesar del meme burlón, los boomers son esa generación bisagra de popularización de los anticonceptivos, las raves y el descontrol sexual tras la transición. No todas las parientas reniegan del puterío cuando se jactan entre harpías en petit comité: - "Se han enterado de lo que nosotras consideramos que pudieran llegar a saber de nuestra vida pasada." El marido vive en Babia, nadie osa decir al rey que va desnudo en el gélido castillo de León. Tanto les costó tejer la red de contactos tras el MBA para ser directivos en banca patrimonial, como sacar las oposiciones a abogado del Estado, pero ignoran la trayectoria mancillada de la pedorra con quien se despiertan cada mañana.
El articulista, a sus críticos: “La turba me grita y me insulta mientras se ve caer al fondo de su horror”
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Extranjeros en su propio colegio frente a privilegiados nacionales exiliados en su refugio, se burlan del país tercermundista que los acoge, se aprovechan de panolis con la excusa del civismo, pues son las familias donde ningún progenitor tiene la nacionalidad quienes sufragan todas las reformas de las instalaciones, mientras algunos profesores estirados se niegan a hablar el idioma en las reuniones con el AMPA, como los descerabrados parlamentarios secesionistas, sea bajo el rótulo funcionalista arquitectónico de Schule, Scuola o cualquier lycée, estén repartidos en el urbanismo de la capital administrativa o como en CABA.
Admo será lo más interesante que le va a suceder a la cocina francesa desde que efectivamente Ferran arrasó a la nouvelle cuisine y la dejó dando inútiles brazadas en su charca de crema de leche
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Ganan en altivas hasta a las peruchas, también ellas se puntuaban sobre 20, no como en los tutos de los países tributarios sometidos al antiguo imperio de esplendor milenario: romano, iberoamericano precolombino, azteca, inca, hasta la globalización del anglicismo bajo las bases militares del gran tirano. Ni en la fiesta de despedida previa a selectividad las habría tocado ni con un puntero láser entre los efluvios de la discoteca: would not bang.
Las clases altas crean una línea divisoria en cada resquicio de sus vidas y en materia de educación esto se ve subrayado.
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El concepto no es nuevo. Tal vez cambian los actores y el escenario, pero la idea sigue siendo la misma: en Lima, por más que hayamos evolucionado en muchos aspectos, sigue existiendo la insignia d…
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Pepita sí puede ocultar su pasado a su señoro pariento, pero los compañeros de clase, la quinta de la aldea, aunque sea a unos pocos, no nos embaucan esas guarras, hijas de re mil contra putas, pues puta su madre, puta la hija y puta la manta que las cobija.